Masoneria en España


Desde Resistencia y r-Evolucion queremos hacernos heco de una interesante informacion publicada por los compañeros de Eslabones perdidos del Sistema, basados a su vez en una obra de Vicente de la Fuente (1817  1889).

Dedicada a todos aquellos interesados en saber acerca de las Sociedades Secretas y la Masoneria en España.

Aqui os lo dejamos:

 

HISTORIA DE LA MASONERÍA EN ESPAÑA

SOCIEDADES SECRETAS EN LA PENÍNSULA

Una Obra de Vicente de la Fuente (1817 1889).

La obra aquí recogida esta totalmente asentada bajo los textos originales del autor, toda expresión gramatical personal o referencia propia sobre la política del mismo autor, son parte primordial e intocable, de la misma Obra. Esta escrita en un castellano más antiguo puesto que es de finales del siglo XIX. Siendo importante para nosotros como colectivo de información y sobre todo, para los tiempos en que vivimos (rodeados de ocultos intereses), la necesidad de un pensamiento objetivo y critico, limpio de manipulaciones. Deberemos tener claro que estamos obligados a volver la mirada atrás, comprendiendo con ello que quizás la sociedad y el destino actual del ser humano, sean factores ya pre-diseñados con anterioridad.

Eslabonesperdidosdelsistema [2012]

 

PROLOGÓ del Autor.

Tiempo hacía que deseaba escribir acerca de la francmasonería y demás sociedades secretas en España, y presentar el verdadero orígen de las contínuas sediciones y pronunciamientos con honra y provecho. Con este objeto procuré adquirir las principales obras escritas acerca de la francmasonería en estos últimos años; mas, por desgracia, fué poco lo que en ellas pude encontrar relativamente á España. Bien es verdad que la francmasonería española está muy desacreditada en Europa, segun me dijeron en Bélgica personas que lo sabian bien, y lo acredita la escasez de noticias que acerca de ella suministran las historias de la masonería. Las de Clavel, Krause y otros francmasones son tan escasas en noticias españolas, como las de los católicos Neut, Gyr y Bresciani. En esta obra voy a desmentir várias de las noticias dadas por Clavel, y copiadas candorosamente por todos los demás escritores tirios y troyanos, católicos y francmasones. Por lo que hace á las patrañas del supuesto John Truth, publicadas últimamente, no hay que tomarse tal molestia, pues se refutan por sí mismas. Pero ¿cuál es la causa de este descrédito de la francmasonería española, y de la poca importancia que se le da en las compilaciones masónicas extranjeras?

¿Será el tráfico político que ha hecho con los destinos públicos, y la perturbación que ha producido en el país con sus incesantes conspiraciones?-A bien que otras lógias de Europa y América han hecho y están haciendo lo mismo.

¿Será por la inestabilidad de las logias españolas, sus frecuentes riñas, cismas, disensiones, habitual indisciplina y equivocaciones frecuentes en el manejo de los caudales?—Quizá sea esta una de las principales causas, como también el que en las lógias españolas, segun dicen los ingleses que han tenido la debilidad de agregarse á ellas, en España son muchos los masones que alargan la mano hacía el tronco para pedir, y muy pocos los que la alargan para dar.

¿Será tambien por el silencio que ha guardado la francmasonería española acerca de su origen y vicisitudes, esperando á recibir del extranjero noticias para su historia, en vez de darlas ella misma?—Tambien esto ha podido influir mucho en su descrédito, y, por si acaso fuese esta alguna de las razones y concausas, ¿qué cosa mejor puede hacerse, ahora que la francmasonería acaba de romper su capullo, que poner á la vista del público sus precedentes, ascendencia, origen, vicisitudes, conspiraciones, asesinatos, trabacuentas con el Tesoro, pronunciamientos mayores y menores, aciagos ó afortunados, y demás beneficios que ha producido para el bien procomunal de España?

Quizá con esto algun iniciado en los secretos de sus archivos, si los hay, se decida á corregir las equivocaciones en que pueda hacerme incurrir la falta de LL… (luces masónicas). Lo que voy a publicar en su mayor parte es del dominio del público: no haré más que reunir lo disperso, y poner a buena luz lo que estaba oscuro. Creo que los mismos francmasones han de consultar este libro. En él no se trata solamente de la francmasonería, sino tambien de otras sociedades secretas, antiguas y modernas, y aún algunas de ellas rivales ó perseguidoras de la francmasonería. A la verdad, los ultras de la derecha se parecen y asimilan en algunas cosas á los ultras de la izquierda, por aquello de que los extremos se tocan. Yo quiero y debo ser imparcial, aunque esto suele costar algunos disgustos.

Por lo que hace al estilo, no debe extrañarse que éste no sea siempre del todo serio: es difícil guardar seriedad en la narración de cosas grotescas ó de truhanadas.

 

PRIMER CAPITULO

I

Sociedades secretas en su origen.

Destinada esta obra a tratar principalmente del origen y desarrollo de la francmasonería en España, no es posible hacer caso omiso de otras sociedades o reuniones análogas que la precedieron, siquiera no encontremos en éstas el origen de aquélla, sino solamente meras afinidades. Pero como las historias particulares de cada sociedad se deben escribir correlativamente á la historia general, por ese motivo no es posible prescindir aquí de ciertas cuestiones enlazadas con el origen de la francmasonería. que se debaten mucho en el extranjero al tratar esta materia. Los arroyos españoles deben aportar al gran mar de la historia general el caudal de sus aguas, ora limpias y cristalinas, ora turbias y cenagosas, bien sea escaso, bien sea abundante. Al tratar de la influencia de las teorías dualistas del Oriente y del Egipto de los albañiles francos, de los templarios y sus ritos místicos, de los israelitas y sus relaciones misteriosas, sus crueldades secretas y su influencia política, la historia debe consignar lo que éstas fueron entre nosotros antes de la introducción de la francmasonería, y si tuvieron o no alguna parte en el origen de la misma. Mengua seria que los extranjeros hubieran de darnos documentos y noticias acerca de estos puntos tan controvertidos; y que necesitásemos interrogarles sobre cosas de nuestra patria, en que más bien debemos ilustrarlos á ellos.

No es de esperar que lo digan los francmasones españoles: ellos mismos no saben sobre estas materias más que nosotros. Quizá saben menos, pues en sus ridículas consejas y grotescos mitos se envuelven ideas absurdas, que les hacen incapaces de un recto criterio. Porque, á la verdad, ¿qué persona de mediano juicio no se rie de esos pobrecitos escritores que aseguran con gran aplomo que Adan fué francmason? ¿Qué juicio formaremos acerca del estado de la masa encefálica de esos venerables, que nos hablan con tanto aplomo del asesinato de Hiram y otros cuentos infantiles y niñerías por el estilo, buenas para entretener á necios, pero indignas de ser publicadas con seriedad? En verdad que ni ellos mismos las creen como cosa real é histórica ; y si las creen, serán acreedores al más alto desprecio por su credulidad y necedad supina.

¿Quién sabe si antes de poco, entre las muchas novelas y descubrimientos hiperbólicos y ultrafantásticos que están abortando los estudios prehistóricos, hoy tan de moda, se nos hablará de algun francmason fósil, descubierto en terreno cuaternario, teniendo en su mano un martillo de silex, (en castellano pedernal) y una escuadra ó algun triángulo?

Pero yo no debo perder de vista que tales estudios acerca del estado caótico, prehistórico y embrionario de la masonería no son peculiares de una historia particular como esta,pues la verdad es que en España lodavía no hemos hallado francmasones y carbonarios fósiles ó antediluvianos. Los datos más antiguos acerca de la francmasonería en España no pasan del año 1727, y áun esos no parecen muy exactos, segun luego veremos. Mas esto no impide que estudiemos ciertas sociedades secretas españolas relacionadas con otras de Europa, á las cuales dan importancia los escritores que describen los orígenes de la masonería.

El P. Bresciani halla el principio de esta en Egipto y en el maniqueismo, y aquí tuvimos á los sectarios de esos absurdos, constituidos en sociedad secreta, en los siglos IV y V, y más adelante en los XII y XIII, y áun en otras épocas posteriores. Vióseles en España, como en el extranjero, pasar del error religioso á la Conspiracion política, y comprometer el orden.

¿Cómo, pues, podrá escribirse la historia critica de la francmasonería en España, relativamente á la historia general de esta secta y de otras análogas en Europa y otros paises, sin hablar de los priscilianistas españoles y de los albigenses de Cataluña y de Leon?

Aunque yo no admita la teoría del P. Bresciani acerca del orígen egipcio y maniqueo de la francmasonería, preciso es hablar de aquellas sectas, como tambien de los templarios españoles y de los constructores francos, á fin de saber si éstos ejercieron influencia en España.

Mas al separarme de la opinión del P. Bresciani, hallo otra secta, á la cual doy más importancia en lo relativo al origen de la francmasonería. En efecto : desde el siglo primero de la Iglesia existe una sociedad maldita con la execración de Dios, semejante a Satanás en su caida, en la privacion de sus antiguas preeminencias, en el destierro perpetuo de su patria, en el deseo de venganza, en el odio encubierto á todo principio de autoridad legítima, en aborrecer a todos y ser de todos aborrecida. Esa sociedad proscrita en todas partes, y que en todas partes se halla sin patria ; que varias veces ha querido constituir nacionalidad y nunca lo ha logrado; que en tal concepto desprecia las ideas de nacionalidad y de patria, sustituyéndolas con un frió y escéptico cosmopolitismo. esa tiene la clave de la francmasonería. El calendario, los ritos, los mitos, las denominaciones de varios objetos suyos, todos son tomados precisamente do esa sociedad proscrita: el judaísmo.

¿Cómo han de confesar los francmasones que su origen es judaico, y que por espacio de mucho tiempo han sido unos dóciles instrumentos de los judíos, á quienes parecían avasallar?

Esto los rebajaba en el concepto público, y la francmasonería es altamente orgullosa. Combatiendo á la aristocracia, al monopolio y al privilegio, la francmasonería aspira á enlazarse con los templarios y hacer prosélitos entre los príncipes y las clases nobles, y pretende monopolizar el gobierno para repartir los destinos entre sus adeptos y crearse así un poder formidable, que degenera en verdadera tiranía contra los profanos.

Ese principio de ódio, de venganza, subversion de todo principio de autoridad legítima, misterio impenetrable, sensualidad encubierta , supersticion, hipocresía, encono rabioso contra el Cristianismo, ritos sanguinarios, apego á vanas fórmulas y ridículas exterioridades, el francmason necesita inventarlos y remedarlos, pero el judío los tiene como ingénitos, los siente desde que nace , y no puede menos de tenerlos en su situacion abyecta, despreciada y de proscripcion. Ala luz de estas verdades innegables se aclara todo lo oscuro y desaparecen los orígenes misteriosos. La francmasonería en su principio es una institucion peculiar de los judíos, hija del estado en que vivian, creada por ellos para reconocerse, apoyarse y entenderse sin ser sorprendidos en sus secretos, buscarse auxiliares poderosos en todos los países, atraer á sí á todos los descontentos políticos, proteger á todos los enemigos del Cristianismo, incorporarse á todos sus renegados, halagar las pasiones de los poderosos para sojuzgarlos por medio de sus mismos vicios, cobijándose luego bajo el manto de estos ilustres afiliados para eludir la ley y la justicia, proporcionándoles para sus vicios dinero que no podían devolverles, y que los aprisionaban á ellos como esclavos, con aquellas cadenas, hijas de sus propios extravíos, y hablando de libertad, instrucción y beneficencia para encubrir sus verdaderos fines. Claro está que la masonería ha mudado de carácter de un siglo á esta parte, y prescindido de los israelitas. En su genio altamente revolucionario, las sectas derivadas de aquella, como La Internacional, prescinden de la francmasonería, y aun se burlan de ésta, como ésta desprecia á los israelitas, lo cual no impide que éstos sean en todas partes sus más poderosos auxiliares. Es público que todos los periódicos más revolucionarios é impíos de Europa están comprados por los judíos, ó reciben subvenciones de ellos y de sus poderosos banqueros, los cuales á la vez son francmasones.

Por lo que hace á las logias sucede lo mismo. Cuando han reñido sus adeptos, cuando todos se van cansando de sus farsas y charlatanismo, el judío no se cansa, el judío no consiente que se abatan las columnas, y sigue asistiendo á la casi desierta lógia.-¿Sois muchos en la lógia? preguntaba Napoleón III á sus hermanos los masones de Argel, años pasados, al recibir la comision que pasó á cumplimentarle con fraternal cortesía.—No por cierto, respondieron ellos : ¡solamente hemos quedado los israelitas! Por ese motivo, al hablar de las sociedades secretas en España, estudiaremos el estado de los judíos en la Edad Media , sus intrigas é influencia, así como tambien las antiguas Comunidades y Germanías, que dieron nombre años pasados á sociedades derivadas de la francmasonería española.

II

Los priscilianistas.

A mediados del siglo IV, un egipcio, ó, como decian nuestros antepasados, gitano, llamado Marco, abandonando á Menfis y las riberas del Nilo, aportó á Francia, llevando allá los errores del dualismo maniqueo y las supersticiones de aquella secta. De las orillas del Ródano pasó en breve á las del Duero, como en el siglo XII otros errores, casi iguales, pasaron desde las inmediaciones de Alby á las de Leon en España, verificándose ambas veces el contagio del mismo al mismo territorio, con cierta misteriosa coincidencia. Pretenden algunos historiadores francmasones que su secta es en gran parte procedente del Egipto: si esto fuera cierto no les negaríamos a los priscilianistas el honor de ser los aborígenes de nuestros francmasones modernos.

Las noticias acerca de la secta priscilianista las debemos principalmente á dos escritores franceses coetáneos, San Ireneo y Sulpicio Severo: las de este segundo son muy curiosas por lo que hace á nuestro propósito.

Entre los varios iniciados por el gitano Marco, descollaban dos personas notables: un profesor de retórica llamado Helpidio, y una señora noble llamada Agape. Estos dos iniciaron á Prisciliano, que era un caballero de Galicia, ó quizá más bien del reino de Leon, pues la provincia galiciana se extendia entonces mucho más que ahora. A su vez Prisciliano sedujo á otros muchos, y vinculó su nombre á la secta en España. Noble, rico, de elegante y simpática figura, pasaba por hombre de gran virtud y austeridad, fuera que hipócritamente lo fingiese, ó que tuviera verdaderas virtudes antes de su desdichada caída. Pero es lo cierto que, despues de ésta, se hizo obsceno, sensual y glotón. San Ireneo dice expresamente que Marco y Prisciliano vivian sensualmente con las mujeres que habían logrado iniciar . Sulpicio Severo añade que, a pesar de sus apariencias do virtud, era Prisciliano sumamente orgulloso, y que desde su juventud habia sido aficionado al estudio de las ciencias ocultas . En el proceso quo se le formó en Treveris por el prefecto Evodio. hombre íntegro y rígido, á quien los priscilianistas no habían logrado sobornar, como hicieron con Macedonio.Se le probó y convenció de haber propagado doctrinas obscenas y usado de maleficios, que oraba en cueros, y tenia reuniones nocturnas, en que hombres y mujeres bailaban desnudos, y se entregaban luego á todo género de torpezas y liviandades.

Ya San Ireneo habia narrado los estragos que el seductor Marco había hecho en Francia entre las mujeres, á las cuales iniciaba en los misterios egipcios, todas las cuales eran víctimas de sus prestigios, y despues de su sensualidad insaciable. Así habia pagado la hospitalidad que le diera un pobre diácono iluso, cuya mujer, joven y hermosa, al par que honesta y discreta, fué seducida por aquel gitano, abandonando después á su marido y huyendo en pos del impostor. Marco usaba también de la fantasmagoría y de varias ceremonias alegóricas, como los francmasones. Al tiempo de la iniciación ponia á los adeptos un yelmo homérico, con el cual pretendia ponerlos á cubierto de las pesquisas de la autoridad y hacerlos invisibles, según él decía. En otra cosa más importante coincidían los priscilianistas con los modernos francmasones, y era en la obligacion de guardar el secreto más impenetrable acerca de sus reuniones y misterios, aunque para ello fuese necesario incurrir en el perjurio.

Jura, perjura, secretum prodere noli

Sus teorías místicas acerca del orígen del bien y del mal, representados por Osíris y Tifon, el culto de la naturaleza y de la propagacion, representadas por la diosa Isís, la explicacion simbólica y estrafalaria de los fenómenos solares, para expresar algunas vulgaridades acerca del saber y la ilustracion, verdades triviales que se ocurren á cualquiera, y otras varias ideas caprichosas, que los maniqueos tomaron de los persas y los egipcios, y éstos á su vez de la seudo-filosofía indiana, las repite la francmasonería con pueril y grotesco respeto.

La muerte ignominiosa de Prisciliano, de Eucrocia su manceba, Latroniano y otros vários priscilianistas, decapitados en Tréveris por órden del Emperador, no puso fin á la secta; á pesar de que la pena capital se les impuso, no solamente por los errores religiosos, sino aún más por su inmoralidad, sediciones y otros delitos . Los cadáveres de Prisciliano y sus cómplices fueron traídos á España por fanáticos sectarios, que le aclamaban santo, y que, á pesar de su obscenidad y lascivia, juraban por su nombre.

La secta continuó propagándose á pesar de los esfuerzos de sabios y virtuosos Prelados de las autoridades imperiales y de los embates rabiosos de los itacianos, que, llevados de falso y amargo celo, dieron ya entónces un funesto ejemplo de les extremos á que pueden conducir la exageracion y el fanatismo. Aquellos ultra-católicos, tipo de exageración violenta, llevada hasta la efusion de sangre y el odio implacable, fueron anatematizados por los Obispos católicos verdaderos y caritativos, y llegaron á ser odiados como los priscilianistas á quienes perseguian, pues no pocos, al defender al catolicismo, suelen dejar de ser católicos, cuando la rabia y la político-manía vienen á encubrirse con la máscara de un exagerado celo.

Todavía el año 561 tuvo el Concilio I de Braga que condenar á los priscilianistas y sus cábalas y combinaciones matemáticas , señal de que existian aún sus sectarios por aquellos países, al cabo de doscientos años. Pero causa aun mayor extrañeza que mil años después se vea retoñar aquella herejía en Alemania, y que un Concilio reunido en Praga, entrado ya el siglo XVI, tuviera que condenar á los priscilianistas y sus libros, que hacian estragos por aquellas comarcas.

III

Los Sionistas en España, judíos y la sociedad secreta, en tiempo de los godos y los musulmanes (580-850).

Desde los priscilianistas, maniqueos en el siglo IV hasta los a albigenses, maniqueos igualmente en el siglo XIII, media un período casi de mil años.

Aunque haya grandes afinidades entre unos y otros, ¿será posible darles el mismo origen? ¿Quién conservó estos secretos y los trasmitió desde fines del siglo IV hasta fines del XII? ¿Cómo no fueron estos sectarios descubiertos, reconocidos, perseguidos y castigados en tan largo tiempo? Hállanse durante ese período grandes conspiraciones, rebeliones, destronamientos y guerras civiles, pero no se echa de ver una liga ó sociedad que tenga un objeto político trascendental y permanente, fuera de la raza judáica.

A fines del siglo VI y durante el VII hallamos una noticia extraña y de particular retroceso, cual es la reaparicion de la idolatría en España y en la parte de Francia unida á la monarquía visigoda. El cánon 16 del Concilio III de Toledo nos comunica tan extraña noticia. El cánon dice que por toda España y por las Galias se va desarrollando el sacrilegio de la idolatría , y manda, con acuerdo del Rey, que el Obispo y el Juez del territorio hagan pesquisas y exterminen este crimen. Mas debieron ser ineficaces las medidas que entonces se adoptaron, puesto que cien años después los Concilios XII y XVI de Toledo vuelven á condenar las prácticas idolátricas (681-693.Díctanse disposiciones severas contra los que daban culto á los ídolos, veneraban piedras, consultaban los secretos en las fuentes y en los árboles, y tambien contra los agoreros y encantadores.

Chocante es un retroceso de este género, pues los godos, aunque arrianos y supersticiosos , no eran idólatras. ¿Tendrian en esto alguna parte las supercherías de los judíos, siempre inclinados á fomentar supersticiones entre los cristianos? El Concilio de Ilíberis prohibía ya en el siglo III á los cristianos españoles acudir á los judíos para que les bendijeran las mieses. Posible es que fomentáran todavía supersticiones en el siglo VI; pero parece más probable que éstos actos idolátricos fueran resabios del antiguo paganismo, no extinguido completamente, y aun continuado al amparo de la herética tolerancia de los visigodos arrianos. De todas maneras aparece el paganismo en los siglos VI y existiendo secreta y misteriosamente en España, á pesar de los rigores desplegados contra él.

Tampoco aparece conexion entre estos actos idolátricos y los errores de los maniqueos y albigenses, y por tanto nada se hallará por ese lado para el abolengo fantástico de la francmasonería. Mas, por el contrario, hallamos entónces á los judíos organizados en sociedad secreta, siempre conspirando y mordiendo la mano que aparentaban besar. El Concilio IV de Toledo, en el cual estuvo San Isidoro, aunque reprobó la violencia de Sisebuto, que obligó á los judíos á bautizarse, reprendió tambien el que las autoridades civiles y áun eclesiásticas se dejasen sobornar por ellos, y patrocinaran su habitual perfidia . No mejoraron de cónducta los que permanecieron en España , ó regresaron despues, y el Rey Chintila se vio precisado á volverlos á expulsar.

Al sublevarse contra Wamba el Conde Hilderico y los narboneses, encuéntranse al punto los israelitas al lado de los rebeldes, que les favorecen abiertamente, pagando quizá de este modo anteriores y secretos servicios de traicion.

Procura Egica honrarlos y favorecerlos, equiparándolos á todos los demás ciudadanos siempre que se convirtieran al cristianismo, y que solamente los que permaneciesen obstinados en los errores de su secta pechasen al fisco el tributo acostumbrado . No debieron ser muy lisonjeros para el Monarca los resultados de esta concesión, pues al año siguiente, y en un cánon del Concilio inmediato, se habla de que habian tramado una conspiracion contra el Rey y contra la pátria, faltando deslealmente á todos y burlándose de la credulidad de los mismos que los favorecian. Nada ménos se proponian que alzarse con el país y la corona : ¡tales eran su orgullo y temeraria osadía ! Mas esto no se explica sin una organizacion secreta, misteriosa y prepotente.

Witiza, por contrariar el sentimiento católico y las disposiciones de los anteriores reinados, no se contentó con favorecer á los judíos, sino que los colocó en dignidades y cargos de jurisdiccion. Quiza le suministráran dinero para sus vicios y para satisfacer los caprichos de sus concubinas, segun lo que esa secta ha solido hacer en todos tiempos, fomentando y explotando los vicios de los príncipes y de los magnates. Los resultados no se hicieron esperar largo tiempo. La conspiracion tramada en tiempo de Egica, y áun quizá abortada en tiempo de Chintila, anteriormente, estallo en el reinado de D. Rodrigo. Ingratos á los favores recibidos, tomaron parte en la perfidia traidora del conde D. Julian, juntamente con los judíos de Africa, á fin de vender á los mulsumanes la independencia de España. Esperaban con el triunfo de estos mejorar de condicion y de fortuna. Vióse en efecto á los judíos combatir bajo las banderas de Muza y otros jefes musulmanes, y las ciudades más importantes de España fueron entregadas á los invasores por los judíos que en ellas residian, y principalmente la ciudad de Tóledo , capital de la monarquía . Vióseles tambien poblar al par de los árabes en Córdoba, Sevilla y otros puntos, y aun pretendieron, poco despues, formar una monarquía independiente en la parte del Pirineo, á las órdenes del llamado Melek-Julani.

Bien es verdad que poco despues muchos de los que habian venido á España con los mulsumanes, y de los que habia anteriormente, tanto aquí como en las Galias, marcharon á Siria, donde se habia sublevado un impostor llamado Zonarias, que se decia el Mesías verdadero y el Rey prometido para la libertad del pueblo israelita.

Su genio conspirador y sombrío llevó bien pronto á los israelistas que habían quedado aquí á tramar conjuraciones secretas contra los muslimes, sus antiguos aliados. Compréndese fácilmente que los muzárabes trataran de sublevarse contra éstos defendiendo así la religion y la independencia de la patria oprimida, por la cual un puñado de guerreros peleaba con buen éxito en las montañas del Norte, perolos judíos, ¿qué podian esperar de su lucha con moros y cristianos?

Várias son las conspiraciones de que dan cuenta las mismas crónicas árabes, siendo notable entre ellas la del año 828 en Toledo, de cuyas resultas los musulmanes trataron de despoblar aquella ciudad, expulsando de ella á los árabes y judíos, ó por lo menos desmantelar sus muros.

Los judíos llegaron á ser más aborrecidos de los musulmanes que de los cristianos mismos. Durante la Edad Media, se los vé, odiadas en toda Europa, fomentando los vicios de los príncipes y de los magnates, dándoles dinero para ellos, arrendando las contribuciones para tener así el derecho de vejar á los pueblos exhaustos, y ganar el 200 por 100, marchando en pós de los ejércitos para comprar al vencedor los despojos del vencido, siquiera éste fuera su propio convecino, y regateando al soldado el precio de un botin que no podia llevar. Así eran en todas partes objeto, aún más que de ódio, de sumo desprecio.

Pero esta situacion precaria y abyecta les obligaba á la vez á tomar exquisitas precauciones, á vivir con recato, misterio y gran desconfianza; á tener signos secretos y contraseñas con que darse á conocer, ó, por mejor decir, reconocerse, apoyarse y congregarse mútuamente, espiar á sus adversarios y opresores, difamarlos sistemáticamente, sembrar entre ellos rencillas y desconfianzas, vengándose así de sus dominadores, y tomando á veces parte en sus intrigas y maldades para abandonarlos cuando ya estuvieran comprometidos.

No teniendo pátria, y viendo su nacion dispersa, precisamente había de surgir en ellos la idea del cosmopolitismo, tan acariciada hoy por la francmasonería, y que viene á matar las dulces aspiraciones del patriotismo, sustituidas por una idea fantástica y de realizacion quimérica.

 

IV

Los waldenses y albigenses en España: Sus maquinaciones religiosas y políticas.

A fines del siglo XII y durante la primera mitad del XIII, reaparece el priscilianismo en España, como en el siglo IV, y viniendo tambien de Francia y de los mismos países que entónces lo abortaron. Aparece tambien, como entónces, con su carácter sectario y fanático, sus milagros fingidos, su hipocresía, su ódio al catolicismo y sus reuniones misteriosas, siquiera en el siglo XIII éstas tuviesen un carácter de crueldad más bien que de sensualidad; aunque en los sectarios, á veces, la crueldad produzca algo de lubricidad, por cierto fenómeno fisiológico, no bien explicado, aunque si reconocido, en los hombres á quienes la inmoralidad llega á saciar hasta el punto de no bastarles placeres comunes, y necesitar de otros más fuertes y extravagantes, que exciten su sensualidad, embotada por el exceso y la saciedad misma.

Ya en el siglo XII (Octubre de 1174) el rey D. Alonso de Aragon , dió un edicto contra los waldenses ó pobres de Leon, que infestaban sus Estados de Francia y Cataluña, y habian sido condenados en el Concilio III de Letran, año de 1179. La condenacion se hizo á excitacion del Arzobispo de Tarragona D. Raimundo de Castelltersol, lo cual indica que aquella secta habia penetrado hasta la parte meridional de Cataluña. A pesar de eso, continuó propagándose por aquellas regiones; y penetró en la parte septentrional de Valencia, de modo que fué preciso que el Papa. Gregorio IX, entrado ya el siglo mandase establecer allí la Inquisicion contra aquellos herejes. Favorecida y fomentada por los perversos condes de Foix y otros señores, seguía aún esta secta en Cataluña hacia el año 1257; pero de sus excesos nos quedan escasas noticias (1). En 1220, el arzobispo de Tarragona premiaba a los Cartujos por su celo contra los herejes, y en 1257 (2) el metropolitano de Tarragona, Rocaberti, paso á Berga, donde dió sentencia contra ciento setenta y ocho acusados de herejía. En cambio tenemos muchas noticias de las infamias de aquellos sectarios en Castilla. Al venir San Fernando á Toledo, el año 1223, dice un cronicon toledano, «enforcó muchos omes é coció muchos en calderas (3)

¿Habia penetrado ya la herejía hasta el interior de España, y eran aquellos criminales los sediciosos albigenses?

No lo sabemos; pero es lo cierto que ya para entónces hacía estragos en Leon y Castilla la Vieja, la tierra del priscilianismo. Propagó en Leon la herejía de los albigenses un tal Arnaldo, y es de suponer que tuviera en España el carácter hipócrita, feroz y malvado que en Francia tenia aquella herejía (4). Los albigenses eran verdaderos maniqueos ; admitían todos los errores del Egipto, el dualismo y cierta especie de naturalismo. Odiaban la Religion cristiana y se burlaban de ella en sus reuniones secretas, aparentando catolicismo en público. Fingían milagros, y por medio de sus adeptos propalaban toda clase dé calumnias y difamaciones. Vése en ellos el tipo del francmason moderno, y no es extraño que si algunos templarios llegaron á contagiarse en sus castillos con aquellos errores, cometieran toda clase de infamias de que se les acusó después. He aquí la narracion de D. Lúcas de Tuy, testigo presencial del fanatismo y maldades de los albigenses en León (5).

(1) Dióseles el nombre de sabatados por la forma particular de sus zapatos (sabal), ó por un signo que llevaban en ellos para reconocerse, segun dicen otros escritores. El Concilio III de Letrán excomulga á los bandidos Aragones, Navarrones, Tricardinos y otros que indican con estos nombres su origen pirenaico.

(2) VILLANUEVA, tomo XIX, apéndice 42, copia una donación á los Cartujos de Escala-Dei, por lo que habian trabajado contra los herejes y para la reforma de costumbres

No deben confundirse los waldenses con los albigenses; pero aquí no hace falta el deslindar sus respectivos errores.

(3) ANALES TOLEDANOS, tomo XXIII de la España Sagrada, pág. 408 de la segunda edicion. Oportunamente nota Florez que este castigo lo usaba ya su padre don Alonso, pues el Tudense dice que castigaba á los malhechores con horribles penas. Altos eattlartis deeoggebal, alits vivos exeoriabat.

(4) La francmasonería moderna y las sociedades secretas más fanáticas no han llegado, ni con mucho, a los horrores que cometían los albigenses En sus reuniones sacrílegas asesinaban á los que decian haber recibido al Espíritu Santo, arrojándose sobre ellos, mordiéndoles y matándolos á golpes. Aquellos fanáticos permanecían de pié llenos de heridas, extáticos y mirando al cielo, lo cual exaltaba más y más el frenesí de aquellos bárbaros.

(5) Hallase ésta en el cap. IX del libro III De altera vita, ficteique controverstis adversas albigensium errores, escrito por el mismo D. Lucas de Tuy, siendo diácono. Pueden verse los fragmentos relativos á este asunto en el tomo XXII de la España Sagrada.

« Después de la muerte del Obispo de esta ciudad, D.Rodrigo, habiendo discordia acerca de la elección, se aprovecharon de esto los herejes y afluyeron de várias partes á la ciudad de Leon, mirada entónces como capital del reino. Principiaron por fingir y propalar que se hacían milagros en un muladar ó basurero, donde hablan sido enterrados un hereje y un asesino, que había matado á un tio suyo. Había cerca de aquel paraje una fuentecilla, donde por la noche arrojaban algunas materias colorantes, de modo que el agua pareciese sangre. Acudian de los pueblos inmediatos á ver los milagros, y á vista de ellos bebían del agua varios malvados que se fingían ciegos, cojos y endemoniados, y que aparentaban quedar curados en el acto, representando una farsa infame, pagada y ensayada por los albigenses. Llegaron éstos al extremo de querer desenterrar los huesos del hereje Arnaldo, diciendo que era un santo abad que habia muerto como mártir de sus opiniones religiosas, y ya habían construido en aquel paraje, y cabe la fuente, una gran capilla en que darle culto

Este hecho manifiesta hasta qué punto se habia propagado y hecho prepotente aquella malvada secta. Seguíala estúpidamente el vulgo, siempre ávido de novedades, y, lo que era peor, no pocos clérigos necios é indiscretos. Pugnaban contra ellos con gran brío los frailes menores y los predicadores, ya establecidos en aquellos países, acusando como herejes manifiestos á los que tales excesos cometian. Estos, á su vez, luego que tenían ya á sus adeptos completamente ganados, y de modo que no pudiesen retroceder, les descubrian las supercherías de que se valían para fingir aquellos milagros, añadiendo con intencion maligna que así eran todos los demás milagros de la Iglesia. En vano los Obispos circunvecinos excomulgaban á todos los que tomaban parte en tan infame culto, pues eran muchos los ilusos, y el mal habia cundido por toda España.

Noticioso de ello un diácono de aquel país, que á la sazón se hallaba en Roma, regresó á su pátria y principió á predicar con gran brío, echando en cara á sus paisanos que la ciudad de Leon, cabeza que era del reino y donde se administraba justicia y daban leyes, fuese foco de infeccion y de herejía que contaminase á toda España. Amenazóles, cual otro Elías, que no lloveria hasta que fuese arrasado aquel templo maldito y dispersados los huesos, objeto de tanto sacrilegio.

Preguntóle el magistrado de la ciudad si se comprometia á cumplir lo que había ofrecido; y con la afirmacion del diácono, llevado de su ardiente fé, se procedió á la destruccion del templo y dispersion de los huesos del supuesto mártir Arnaldo.

Por desgracia, al dia siguiente ocurrió un gran incendio, que devoró una gran porcion de casas en la ciudad. Es muy posible que este fuegos fuese procurado por los herejes mismos, pues ellos trataron de explotar aquella desgracia concitando al pueblo contra el virtuoso diácono, y acusándole de que, en vez de agua, sus palabras sólo producían fuego, y acreditaban lo vano de sus promesas.

Quiso Dios que lloviera con abundancia dentro del plazo de los ocho dias, con lo cual se reanimaron los campos y aseguró la cosecha. Aprovechó el diácono aquella ocasion para volver sus predicaciones contra los herejes, y avergonzados de su derrota, los principales fautores huyeron de Leon.

Mas no por eso dejaron de persistir en sus errores, valiéndose de diferentes supercherías. Era una de ellas esparcir por los montes y los campos algunas cartas muy perfumadas, en que, á vueltas de algunas cosas vulgares y católicas, se intercalaban solapados errores. Recogian los pastores aquellas cartas, entregábanlas á los sacerdotes rurales, y éstos, demasiado candorosos , creyéndolas celestiales avisos, las comunicaban al pueblo, inoculándole así incautamente el virus del error y la herejía. Al modo de los modernos protestantes, facilitaban la salvacion con sólo creer; copiando y propalando aquellas cartas, retraian de la confesion y del ayuno, y negaban las tradiciones de la Iglesia.

Sospechando, con razon , el diácono D. Lúcas acerca de aquella superchería, salió con algunos socios, y por mandado del obispo D. Arnaldo recorrieron aquellos montes, en los que hallaron á un hombre mordido por una culebra, que daba grandes alaridos: era el mismo que desparramaba las cartas, de las cuales llevaba una gran cantidad para esparcirlas. Conducido á presencia del Obispo, y arrepentido de sus maldades, confesó sus culpas y ademas declaró las bellaquerías de sus cómplices y los parajes donde tenian sus guaridas y secretas reuniones.

V

Los Templarios, en España.

Los templarios vinieron tarde á España, y su importancia pudo ser muy grande, pues que las guerras con los infieles ofrecian aquí un vasto campo á su actividad, una vez perdida la Palestina.

D. Alfonso el Batallador, monarca muy valeroso, calumniado de impío por sus enemigos, dejó su reino de Aragon á las Ordenes militares de Palestina, en un testamento altamente impolítico, por muy piadoso que fuese. Acudieron las Ordenes militares á reclamar su derecho, y por respetar la voluntad del Monarca en alguna parte, se les dieron territorios donde fundar. De Aragon pasaron á Castilla las Ordenes militares de templarios, hospitalarios de San Juan y canónigos del Santo Sepulcro. Estos últimos en España no llegaron á tener carácter militar: sus casas eran de canónigos regulares de San Agustin.

Por lo que hace á los caballeros del Hospital y del Temple, no los vemos en España desplegar el brío que en Palestina, ni áun emular á los caballeros de Santiago y Calatrava. El origen de la Orden de Calatrava lo acredita asi. La historia sorprende á los templarios españoles en un acto de debilidad. Habiéndoles confiado la defensa de Calatrava, adelantada en frontera, acudieron al rey D. Alonso VII manifestándole que no podian sostenerla. De la cobardía de los templarios surgió la noble y valerosa Orden de Calatrava. Lo que hicieron el abad San Raimundo de Fitero y el viejo Velazquez, soldado convertido en monje, y súbdito de aquél,¿no pudieran haberlo hecho los templarios, que tenían á retaguardia castillos y encomiendas? Poco tuvo que agradecer á éstos la independencia de España. En Castilla se los vé á retaguardia en Leon, Galicia y Castilla la Vieja. Dos veces es acuchillada y aniquilada la Orden de Calatrava sobre el campo de batalla, con gran gloría suya, y se la encuentra siempre en vanguardia. Del Temple no se cuentan ni grandes derrotas ni grandes victorias.

En Aragon se los vé encastillados en Monzon y en la serranía de Cantavieja, pero tampoco se cuenta de ellos ninguna proeza. Llegan tarde los sanjuanistas á la conquista de Mallorca , pero al fin llegan: mas nada se dice de los templarios, y no sería muy grande su pujanza en Aragón, cuando á derecha é izquierda de la serranía de Cantavieja prosperaban, la de San Jorge de Alfambra en tierra de Teruel, la de Calatrava en su gran encomienda de Alcañiz, y la de San Juan en Caspe.

Aún fijé menor la importancia de la Orden de San Juan, que en otras partes principió á tenerla grande á la caída los templarios, con los despojos de éstos que se les entregaron en Aragon y Castilla. Reconocido por mí el archivo de Aragon y Priorato de Navarra para copiar los fueros y cartas-pueblas, hallé que casi todo lo que tenía la Orden en ambos paises lo debía á los templarios. Otro tanto puede decirse por lo relativo á Castilla la Vieja. La importancia de la Orden de San Juan, en España, data de fines del siglo XIV: aumentóse en el siglo XVI con la incorporación de casi todos los prioratos de la Orden del Santo Sepulcro.

A la Orden de San Juan no se la acusa de connivencia con los albigenses y los francmasones. Mas no sucede lo mismo con respecto á los templarios, á quienes desde el siglo XIII se sorprende en criminales relaciones con los herejes y los musulmanes, sumidos en oriental molicie, y entregados á execrables vicios.

¿Pueden formularse iguales cargos á los templarios españoles? Tuvieron éstos algo de sociedad secreta, podrá considerárseles como ascendienles en el abolengo de la francmasonería española?—Nuestra historia no suministra datos para tan graves cargos, y, no habiéndolos, la respuesta debe ser negativa. El obispo de Gerona, Ponce de Vilamur, sujeto de reputacion muy equívoca, era enemigo del conde de Foix y de los templarios (1). Estos le acusaron en Roma, donde fué depuesto en 1256.

Excavaciones hechas recientemente en el castillo de Ponferrada han hecho encontrar, segun se dice, vários objetos de armamento y utensilios de los templarios: en ellos se ha creído descubrir signos algun tanto sospechosos, y parecidos á las alegorías masónicas (2). Si esto fuera cierto, y apareciera bien comprobado, podría dar lugar á curiosas investigaciones; mas no me ha sido posible proporcionarme dibujos ni calcos de aquellos objetos, ni áun saber de cierto si existen. Quizá sean inocentes alegorías o caprichosos adornos, que en otro paraje nada significarían, ni deban tampoco ser siniestramente interpretados. Quizá sean también fraudes recientes, ó modernas hablillas propaladas por los mismos francmasones, que siempre se han mostrado codiciosos de hallar en los templarios sus legítimos ascendientes.

Por lo demás, es lo cierto que los Concilios de Tarragona y Salamanca los absolvieron y declararon inocentes. El valor y energía con que los aragoneses, reunidos en Monzon, se defendieron contra el Rey y contra todos, amenazando sucumbir primero que dejarse tratar como herejes, prueba en ellos mucha resolución, y esa energía, hija por lo común de la buena conciencia. Esta conducta contrasta con la bajeza y cobardía de los templarios franceses y alemanes. Los españoles, al fin, aunque no fueran todo lo que debían ser, al ménos tenian alguna actividad en un país que se hallaba en guerra contra infieles, y ellos no eran cobardes.

Es más: los caballeros valencianos y algunos aragoneses, lejos de emigrar, se unieron á los de San Jorge de Alfambra, y dieron origen á la Orden de Montesa.

(1) Terribles son los datos que sobre este Obispo publico el P. Villanueva en el tomo II, pag. 83, de su Viaje literario.

(2) En la preciosa novela de D. Enrique Gil y Carrasco, titulada El Señor de Bembibre, en la cual se describe con mucha erudicion y bizarría la caída de los templarios de Castilla, dice aquél, en el cap. XXI, hablando de esto: «En el Castillo de Ponferrada se conservan todavía entallados encima de la puerta dos cuadrados perfectos, que se intersecan en ángulos absolutamente iguales, y al lado derecho tienen una especie de sol, con una estrella á la izquierda. La existencia de tales figuras, de todo punto desconocidas en la heraldica, basta para probar que la opinión que en su tiempo se tenia de sus prácticas misteriosas y tremendas no carecia absolutamente de fundamento.»

VI

Obreros francmasones en España: piedades y groserías artísticas en los templos: juicio crítico acerca de éstas.

Para justificar el título de albañiles francos (franc-ma-cons) se ha buscado el origen de esta palabra en las cofradías ó reuniones de albañiles y constructores de la Edad Media, que se dedicaban á la edificación dle iglesias, palacios, casas municipales y otras grandes construcciones de aquella época. Tenían éstos su dialecto particular, sus signos peculiares para reconocerse, sus socorros mútuos y una organizacion misteriosa. Reunidos en grandes cuadrillas iban de país en país, en busca de trabajo y de contratas, y estaban en contacto con el clero, la aristocracia, los artistas y la gente de dinero. Los Papas y los Obispos, lejos de sospechar de ellos, los colmaron de beneficios y les dieron privilegios y Bulas, que se han publicado para demostrar su importancia. En las cuentas de obras hechas en algunas iglesias de Cataluña se habla de lombardos : en mi juicio, eran obreros y constructores italianos.

Los historiadores modernos han reunido muchos datos curiosos acerca de estos trabajadores, a fin de probar el origen de la francmasonería en ellos, y su alianza con los extinguidos templarios, que, refugiados en Escocia, se valieron de ellos y de su impiedad y vicios para encubrir sus conspiraciones, y propagarse por Europa a la sombra de sus privilegios y del favor que obtenían en calidad de buenos obreros. Quizá haya algo de verdad en esto; pero, á pesar de lo que se ha escrito sobre ello y la gran erudición acumulada, para confirmar esta tésis, no siempre con buen criterio, no creo que se le pueda conceder la importancia que le dan algunos escritores modernos.

Las observaciones principales acerca de esta materia son:

1.ª El notar que algunas esculturas de la Edad Media están en posturas que representan los signos masónicos tradicionales (1).

2.ª Que otras veces son caricaturas grotescas de clérigos y monjes, sátiras de ellos en piedra y madera, que muestran la aversión de los constructores contra el clero, y la burla que hacían de las cosas y ceremonias de la Iglesia.

3.ª El título mismo de la institucion masónica, alusivo á la congregacion de aquellos obreros, los utensilios y distintivos masónicos, como la escuadra, el martillo, el mandil o delantal de trabajo, y otras cosas á este tenor.

4.ª Que las reuniones de albañiles francos tenian una jerga o dialecto particular para conservar su organización misteriosa y sus tradiciones artísticas.

No extrañaré que los judíos y protestantes, padres verdaderos de la francmasonería, aquéllos en su origen y estos en su desarrollo, buscasen la cooperación de los albañiles francos, procuraran atraerlos con favores y malearlos para servirse de ellos y explotarlos, de paso que los pervertian: pero estas agrupaciones estaban ya en decadencia, y casi habían desaparecido, cuando la francmasonería verdadera principió á desarrollarse por Europa (2).

Dejando á un lado lo relativo á otros países, veamos si en España se encuentra algo de estas agrupaciones misteriosas de obreros, pues no se trata aquí de la francmasonería en general, sino de su historia relativamente á España.

(1) Esto puede ser hijo de la casualidad, y no de intencion. En los cuadros de la vida de San Bruno, en el Museo nacional, está un cartujo delante de San Bruno en la actitud del aprendiz delante del maestro. ¡Y quien dirá que el piadoso Carducho fuese francmason, ni supiese nada de ceremonias masónicas.

(2) ¿Que importancia podían tener en el siglo XV esas asociaciones de constructores, cuando en Francia no había un arquitecto ni constructor que supiera cerrar una bóveda, ni se atreviera a intentarlo, segun el escritor Violet le Duc?

Las construcciones artísticas irrisorias del clero, impías y obscenas, se hallan en España tanto como en cualquiera otro país de Europa, y con todo no creo tengan contacto con la francmasonería, ni que la construcción de éstas fuese de mano de albañiles francos. Más bien hallaré en ellas cierto sabor judaico. Digamos ante todo algo acerca de estas construcciones, fijando hechos y noticias para poder juzgarlos.

Las grandes construcciones de nuestras catedrales se refieren á dos épocas, que son el siglo XIII y el siglo XV al XVI. Las construcciones sospechosas de los siglos XIIy XIII están principalmente en Galicia y Castilla la Vieja, y son irrisorias. Las esculturas sospechosas del siglo XVI se hallan también hacia los mismos países, y más bien que irrisorias son obscenas. En la Corona de Aragon y en la parte meridional de España, donde las pasiones sensuales suelen ser más vivas, apenas se hallan vestigios de estas impiedades ni misterios, pues solamente he oido hablar de alguna escultura sospechosa en la parte de Cataluña, próxima á Francia.

En el trascoro de la catedral misma de Toledo se dice que hay una escultura inconveniente; yo no la he visto en las varias veces que he visitado aquel templo. El hospital del Rey en Santiago, construcción de la época de los Reyes Católicos, es precisamente uno de los edificios donde hay más objetos ”inverecundos”. Sobre todo, las gárgolas por donde se vierte el agua son tan caprichosas como obscenas, representando las partes genitales, y hombres y mujeres en actitudes repugnantes.

Del mismo siglo XVI son las esculturas del coro de la catedral de Zamora, las más obscenas, satíricas y picarescas en su género, y que rebosan odio y desprecio contra los frailes y los monjes. En unas, un fraile está leyendo en un libro, y a cada lado tiene un diablo en actitud de ventosearle. En otras, un diablo puesto de espaldas entre dos monjes, dirige sus efluvios a las narices de éstos. Estos grupos forman pre- cisamente la pequeña ménsula que suelen tener las sillas corales para apoyarse ligeramente en ellas los canónigos cuando están en pié (l).

La del dean, precisamente, representaba a un fraile y una monja en tal acto y tal postura, que un señor dean se creyó en el caso de romper las figurillas a martillazos. Los artistas lo vituperarán, pero los católicos no. Finalmente, en la barandilla de la subida a la puerta lateral izquierda del coro se ve á un fraile predicando á unas gallinas. En la capilla lleva una que ya se ha dejado coger. La alusión no puede ser más picaresca y maligna. Omito otras varias y peores que podria citar: basta con esta muestra para nuestro propósito y para indicar que ese género masónico, ó lo que sea, no fué desconocido en España. Añadiré a esto otra observación curiosa. Los canteros y picapedreros de la provincia de Pontevedra son los más hábiles de Galicia, ó pasan por los mejores. A ellos se encargan generalmente las principales obras de cantería y las grandes construcciones, no solamente en Galicia, sino tambien en Leon y Castilla la Vieja, hasta por Valladolid y Salamanca, disputando esos trabajos á los vizcaínos , sus émulos en estas tareas.

Aquellos constructores son, no solamente diestros, sino también ágiles y sueltos, se sostienen fácilmente y con serenidad á gran altura sobre ligeros andamios, y trepan sin vacilación a las torres y cimborrios de las iglesias, resultando así más económico su trabajo, que no el de los albañiles del país, que exigen más precauciones y más sólidos andamios.

Entre estos constructores gallegos se ha observado que hay cierta especie de masonería. Ellos tienen su dialecto particular, con que se comunican, sin que sepan los otros lo que se están diciendo (1), se apoyan mutuamente y se recomiendan y favorecen de un modo muy marcado.

—¿Pero indica esto que sean verdaderos masones? (2).- En mi juicio, no. Estos dialectos particulares, como el patois que se habla en los puertos, y sobre todo en los de Levante, es un fenómeno común y sencillo, sin malicia alguna. El trato frecuente entre personas que tienen hábitos comunes y necesidad de entenderse de un modo especial, viene a engendrarlo. Perez Bayer, en su Memorial á Carlos III contra los colegiales mayores de Castilla, acusaba á éstos de tener un dialecto particular y voces de uso peculiar. Pero¿qué tenía esto de extraño? No ha mucho tiempo me referia una señorita, educada en un colegio excelente, y a cargo de religiosas, que las colegialas mayorcitas tenian un dialecto particular, formado de voces de uso común y corriente, á las que daban otro sentido, por cuyo medio se comunicaban entre sí, aun a presencia de las mismas maestras y de las otras colegialitas de menos edad, sin que unas ni otras comprendieran lo que se decían, formando esta conversacion enigmática y misteriosa las delicias de las iniciadas en el secreto, que se burlaban así de las demás personas con quienes vivan. ¿Diremos que era esto cosa de masonería?

(1) Los canteros del concejo de Rivadesella, erguinos, y los tejeros del de Llanes, tamargos, en Asturias, tienen tambien sus Jergas especiales, con el mismo objeto que los canteros de Pontevedra.

(2) También se han querido mirar como masónicos los signos geométricos de otras figuras que ponian los canteros en las piedras labradas para saber quién las había desbastado. Algunas de ellas, que he visto en iglesias y catedrales antiguas, creo no tengan mas significación.

No doy importancia alguna á esos misteriosos dialectos, ni aun á los signos particulares entre obreros de un país, resultado del trato y de la necesidad de entenderse con cierto recato.

Algo de analogía tiene con esto el observar que casi todos los marinos, con pocas honrosas excepciones, están afiliados en la francmasonería, y sobre todo los de los puertos de Galicia; pues tanto allí como en Andalucía abundan las lógias, y es opinion comun de ambos países que apenas hay marino militar ó mercante de alguna importancia que no sea mason. El trato con otros iniciados, la inercia en que viven por largas temporadas, las ventajas materiales que les resultan en su trato cuando por medio de los signos masónicos se dan á conocer á personas á las cuales nunca vieron ni trataron, explican el por qué de la francmasonería verdadera entre los marinos (1)

Pero con respecto á la escultura irrisoria é impía en España, creo que debe hacerse una advertencia, que desvirtúa su importancia. Las burlas son por lo comun dirigidas contra los monjes y los frailes, más bien que contra la Religion, y esto facilita la explicacion de aquellas caricaturas. Los monjes hablan decaido mucho en el siglo XII: la reforma Cluniacense, si logró algo, fué muy pasajero, y, apoyada en la córte y en la política, ni duró mucho, ni ella fué bien vista de todos. Los Obispos y los cabildos , al ver los diezmos acaparados por los monjes, y á éstos viviendo con gran soltura, alegando exenciones y privilegios, que los enredaban en continuos pleitos, vinieron á mirarlos, ora con aversion, ora con desprecio. De aquí las caricaturas contra ellos en las catedrales. Sólo así se explica que las tolerasen los Prelados que litigaban con ellos. -Véase la época de la construccion de la iglesia, y regularmente se hallará que el cabildo tenía algun pleito ruidoso con algun monasterio rico y poco austero.

Razón análoga milita en el siglo XVI. Los mendicantes habian decaido mucho: los claustrales eran objeto de escándalo en casi todos los pueblos. Cisneros suprimió unos y reformó otros institutos; pero esta reforma fué poco eficaz, y los frailes llegaron á ser en algunos territorios objeto de aversion para los cabildos. Así pueden tambien explicarse los motivos de esas esculturas satíricas de la catedral de Zamora, y de otras. En muchas partes se pintaba al diablo tentador vestido de fraile, y quien haya estado en el Escorial no dejará de recordar, que en la tentación de Cristo en el desierto, pintada en un fresco del claustro, el diablo tentador está vestido de fraile francisco, ensenando las uñas y la cola por debajo del hábito. Aquello se pintaba á los ojos de Felipe II y de una comunidad de monjes jerónimos, sin que eso les escandalizara.

En las Meditaciones sobre el Evangelio, del P. Natal, se ve tambien disfrazado de este modo al espíritu maligno, y esto en una obra de un jesuita virtuoso y coetáneo de San Ignacio. El libro satírico titulado Navis stultifera, obra del siglo XVI, ilustrada con grabados satíricos y caricaturas, abunda no poco en este género.

No podemos, pues, dar una importancia masónica á estas caricaturas impías, grotescas ú obscenas. A veces los artistas, mal retribuidos, defraudados en sus esperanzas ó en sus créditos, en arrebatos de mal humor, se permitian semejantes ligerezas, por no calificarlas con términos más duros, y tambien más propios. Miguel Angel pone en el infierno á un Cardenal á quien tenía ojeriza. Las esculturas son á veces indecentes desde algun paraje por casualidad y contra la mente del escultor.

Finalmente, como las esculturas estaban cubiertas por los andamios, no era posible que los cabildos las advirtieran hasta que éstos quedaban quitados, y entónces el remedio ya era tardío y difícil.

(1) Refiere Neut un caso curioso á este propósito. En una de las lógias de Amberes había recepcion masónica, a la cual fueron invitados varios capitanes de buques mercantes que había en el Escalda. Tres de estos eran norteamericanos. Por casualidad uno de los que iban a ser iniciados era un mulato, capitan de un barco. Negáronse los marinos norteamericanos a reconocerlo por hermano. El venerable, como buen belga, les echó una arenga sobre la fraternidad, igualdad y otros géneros masónicos. Los norteamericanos no se quisieron convencer, y salieron de la logia diciéndole: Al diablo nuestra fraternidad.

VII

Las hermandades revolucionarias de Castilla y León en el siglo XIII.

No hablamos aquí de aquellas piadosas cofradías que, con el título de Hermandades, tenian por objeto defender el órden, custodiar la propiedad y perseguir a los malhechores, como hacian las llamadas guildas ó guildonias, contadas entre las asociaciones piadosas de la Edad Media. En España hubo varias de ellas, y no poco célebres, siendo la más notable la Hermandad vieja de Toledo. Muy al contrario de éstas fueron otras hermandades, que principiaron en Castilla á fines del siglo XIII, con carácter altamente revolucionario y sedicioso. Fué D. Sancho el Bravo para su padre D. Alfonso el Sabio lo que Fernando VII para Carlos IV. Ni D. Alfonso ni D. Carlos gobernaron bien, pero aun lo hicieron peor sus hijos; y conspirando contra sus propios padres, mancillaron sus canas. Al lanzarlos del trono, atrajeron sobre sí las maldiciones del cielo, y sobre el país un diluvio de calamidades públicas.

El desgraciado D. Alfonso el Sabio, legislador de Castilla, se vió en los tres últimos años de su vida atropellado por un hijo á quien la historia apellida Bravo en vez de Pravo, o malvado, pues en la mala pronunciación de aquel tiempo sustituian la B por la P, cuya pronunciacion se hacia difícil a la gente de sangre mozárabe. El rebelde D. Sancho hubo de atropellar, no solamente á su padre, sino también á los legítimos herederos del trono. Los tres descendientes de aquella dinastía intrusa tuvieron tres minorías horriblemente aciagas y tres muertes desastrosas. Don Fernando, el Emplazado, muere de un modo inesperado y misterioso ; Alfonso XI muere herido de la epidemia reinante, y D. Pedro el Cruel muere á manos de un hermano bastardo, que sustituye una dinastía ilegítima á otra ilegítima.

Ésta es la síntesis de la desdichada historia de Castilla desde fines del siglo XIII á fines del XIV, en que el hecho se convierte en derecho, á duras penas, en tiempo de Enrique III, el Doliente, casando el descendiente del asesino. con una descendiente del asesinado, pero sin volver, nótese bien, al principio estricto de la legitimidad verdadera, no representada por ninguno de los descendientes de Sancho el Bravo. ¡Tan árduas han sido en todos tiempos las cuestiones de legitimidad, y tan desastrosas las consecuencias de las conspiraciones de los hijos contra sus padres! ¿Y miradas las cosas de España en el siglo XIX á la fúnebre luz que nos comunica la historia del siglo XIV, en todos conceptos desdichado y de retroceso, extrañaremos que Fernando VII, destronador de su padre, legára á su descendencia el funesto reato que D. Sancho el Bravo dejó á la suya.?

Los modernos biólogos reducen las leyes de la historia de la humanidad terrestre a una especie de fatalismo, al cual pretenden dar proporciones casi matemáticas: los católicos, que preferimos las leyes morales a las físicas, estudiamos la biología en las altísimas de la Providencia divina, que rige á la sociedad por las mismas con que dirige a los individuos, pues su ley en todo es una. Este principio se niega tambien por algunas escuelas modernas, que no quieren convenir en que las leyes de la sociedad son las del individuo. Por mi parte, en esto, como en todo, soy partidario de la unidad. Para legitimar a Sancho el Bravom la sublevacion contra su padre D. Alfonso, calumnió a éste, exageró sus defectos, halagó las pasiones bastardas de los magnates y los conatos de la gente levantisca, y al efecto celebró Córtes en Valladolid, mientras su padre las convocaba en Toledo. Castilla la Vieja, Leon, Galicia y Astúrias concurrieron á Valladolid; Castilla la Nueva y Andalucía seguían á D. Alfonso, aunque con alguna vacilacion, que no suele ser grande el fervor de los adoradores del sol poniente. D. Alfonso se retiró á Sevilla á llorar con sus cantigas dolientes, y pudo vivir tranquilo en la ciudad que no quiso dejarle, y que ha tenido el buen sentido de no querer entregar los huesos del Monarca, para que anduvieran por los suelos del estrafalario almacén arqueológico apellidado Panteon nacional. Triunfó el hijo pravo y rebelde, pero a su vez triunfaron de él los cómplices de su crimen, le abrumaron con sus exigencias, y más de una vez hubo de sacar la espada para hacerse respetar por la fuerza, ya que no podía por la justicia.

No es de este momento la relación de esos pronunciamientos con honra, que describe nuestra historia, aunque no por entero, ni tampoco cumple a nuestro propósito descender á tales pormenores. Baste decir que en las mismas Córtes de Valladolid de 1282 los señores de León y Castilla hicieron una hermandad ó alianza ofensiva y defensiva, los Obispos y Prelados eclesiásticos hicieron otra para defenderse contra el Rey, los magnates y los concejos, y a su vez los procuradores de los concejos, se aliaron entre si contra los otros tres poderes.

De la hermandad hecha por los grandes nos habla la historia : la de los Prelados es menos conocida, pero más curiosa. Firman y sellan el documento los obispos de Astorga, Zamora, Mondoñedo y Badajoz, los abades de Sahagun, Celanova, Osera, San Martín de Santiago, Valparaiso, Sobrado y otros, convocados en Córtes por D. Sancho, y acuerdan darse mútuo auxilio, consejo y favor para mirar por sus libertades y privilegios, y de todos los demás que se les adhiriesen, y al efecto reunirse cada dos años en el domingo tercero después de Pascua de Resurreccion.

A los concejos hubo de concederles el Monarca rebelde cuanto quisieron pedirle, deshaciendo lo que con gran maestría y alta política habia organizado el sábio monarca San Fernando, quitando abusivos privilegios y vigorizando el poder real. Todos estos actos de San Fernando, continuados por D. Alfonso el Sábio, eran denunciados como agravios y contrafueros,y D. Sancho se veía precisado á renovar aquellas abusivas franquicias, que las necesidades y apuros del siglo XII habian arrancado á los Monarcas. A unos ofrecia que no pondria merino que administrase justicia, sino que se ejercitaría ésta por los alcaldes, condenando los pueblos a la tiranía oligárquica y al caciquismo. A otros les renovaba el absurdo privilegio de que se eximiesen de ser pecheros los que tuvieran caballo, elevando así á la dignidad de caballeros a los que poseyesen un rocin para silla y arado, no quedando apenas en los pueblos quien contribuyera al levantamiento de las cargas públicas.

Des pues de un breve y desastroso reinado de once años, murió D. Sancho, dejando sus hijos y su desbaratada monarquía en manos de Doña María de Molina, digna de mejor marido. La historia la apellida la Grande: aquella mujer varonil fue lo único que por entonces hubo de grande en Castilla, donde la mayor parte de los grandes eran, no pequeños, sino bajos.

Renováronse las hermandades, que don Sancho no habia podido concluir de aniquilar, siguiendo en esto la costumbre de los tiranos y de los arquitectos, que en haciendo el edificio procuran quitar los andamios. Curiosa es la escritura de hermandad que en 1295, año en que murió D. Sancho, hicieron los concejos do Leon y Galicia (1).

Dice así: «En nombre de Dios et de Santa Maria Amen. Sepan cuantos esta carta vieren, como Nos los Conceios de los regnos de Leon e de Galicia” que fuimos aiuntados en Valladolit para firmar et poner en orden las cosas que fueren en servicio de Dios e el Rey o guarda de su señorito et ayuda de toda la tierra… Et para guardar o cumplir todos los fechos de esta hermandat faciemos facer un siello de dos tablas, et que esté tal cual en la una tabla fegura de leon, en la otra tabla fegura de Santiago cabalgando en fegura de caballo con una fegura de seña (2) eña mano, e en la otra mano fegura de espada, e las letras dél dicen asi «Seello de la hermandat de los regnos de Leon e de Gallicia» et este siello faciemos porque si por aventura nuestro señor el Rey Don Fernando, ho los otros Reis que vernán despues de el nos pasasen o nos quisiesen pasar en algunas cosas contra nuestros fueros e privilegios e cartas e libertades e franquezas e buenos husos (sic) e buenas costumbres que oviemos en tiempo del emperador e de los otro Reis aquellos de que Nos nos juzgamos, e que nos el Rey Don Fernando, nuestro Señor, otorgó, lo que fariamos por Dios o por la su mercet, que lo non quisiera facer que nos gelo enviemos rogar e mostrar por la nuestra carta seellada con este nuestro seello, que nos enderece aquello en que percebimos el desafuero, et otro si para seellar las otras cartas que ovieremos menester para fecho de esta hermandat, et este siello mandamos poner en fieldat en el concello de la ciudat de Leon que lo tenga por sí e por Nos…»

(1) Existe en el archivo municipal de Benavente, donde la copié el año 1856.

(2) Bandera: en efecto, se ve en el sello á Santiago con una bandera en la mano izquierda.

Prevenidos en demasía andaban los concejos de Leon y Galicia, entrando con ellos gran parte de Castilla la Vieja. Necesitábase tan poderosa liga para hacer representaciones al Rey, cuando éste era un pobre niño, á merced de malvados y ambiciosos tios.

Por aquel mismo tiempo los tiranos oligárquicos de Aragon arrancaban á los Monarcas funestos privilegios, y grababan un sello en que se veia al monarca sentado en el trono, y á derecha é izquierda á varios nobles de rodillas, pero con la mano en el puño de la espada (1). El sello de los señores de Aragon completa el sentido del sello de los concejos de Leon y Galicia, sólo que los aragoneses, aunque más rebeldes, eran más francos. El pergamino de esta hermandad concluye así: «Esta carta de esta hermandat fue fecha e firmada en Valladolit doce dias de Julio era de mil e trescientos o treinta e tres años (2).

(1) Véase el sello de la Union de Aragon en la obra de Bancas Commentaríi rereviz Aragonensis.

(2) Corresponde el año de 1295.

»Estos son los Conceios que son en esta hermandat: Leon, Zamora, Salamanca, Oviedo, Astorga, Ciudad-Rodrigo, Badaiós, Benavente, Mayorga, Mansiella, Avillés, Villalpando, Valencia, Galisteo, Alvá, Rueda, Tineo, La Puebla de Lena, Rivadabia, Colunga, La Puebla de Grado, La Puebla de Canas, Vivero, Rivadesella, Belber, Pravia, Valderas, Castro Novo, La Puebla de Lanes, Bayona, Betanzos, Lugo, La Puebla de Malagon: yo Johan Johanes lo fice escrebir por mandado de la hermandat.»

Se me dirá que en esta hermandad no se vé nada de sociedad secreta. Es verdad; pero por ahí principian las conspiraciones, las rebeliones y los pronunciamientos con honra y sin honra, y lo que podemos juzgar de los tiempos pasados por lo que sucede en los presentes.

VIII

La Union de Aragon como sociedad Secreta: sus misterios y crueldades en Valencia.

(1347 y 48.)

Las funestas hermandades de Castilla vinieron á tener un triste remedo en la Corona de Aragon. Si en Castilla tenían el carácter de una rebelion permanente y organizada, pero pública. en Aragon, ó por lo ménos en Valencia, tomaban ya la actitud de una sociedad secreta, con sus misterios y sus asesinatos al estilo moderno.

Dejónos algunas noticias, aunque escasas, acerca de estos acontecimientos, el mismo D. Pedro el Ceremonioso , contra quien y sus antecesores se hizo aquella Union o hermandad, preludio de las futuras Germanías y de los modernos pronunciamientos; y siquiera su testimonio sea parcial en esta materia, con todo, no he tenido inconveniente en aceptarlo y consignarlo como verídico. Dio motivo á estos levantamientos la discusion sobre el derecho de suceder en la Corona, funesta cuestion que los aragoneses no tenían bien decidida. El Rey quería que sucediese su hija, pero sus ambiciosos hermanos, influyentes en el gobierno, se oponían á ello. La política astuta del Rey, y los desacuerdos de la real familia desde el anterior reinado, traían también los ánimos alterados y levantiscos: Como el año de 1347 cuando el Rey quitó la gobernacion del reino al infante D. Jaime, presunto sucesor al trono. Mandóle retirarse á Balaguer, pero el infante se fue á Zaragoza, contra, la orden terminante del Rey, que se lo prohibia. No hubiera hecho más cualquiera de los ambiciosos modernos.

El infante se declaró en rebelión abierta, reunió á todos los señores descontentos en virtud de un mal fuero arrancado á la debilidad bondadosa de D. Alonso III, apellidado el Liberal, y á quien hoy dia ningun ambicioso quitaría ese dictado. El año 1287, en día de Inocentes (que no pudo buscarse dia más á propósito) capituló el buen D. Alonso III, y otorgó á los revolvedores de Zaragoza (¡siempre lo mismo!) que en adelante no pudiera proceder el Rey contra ninguno.

sin anuencia del Justicia y de las Córtes. Entrególes en prenda diez y seis castillos, y les facultó para elegir otro Rey si llegaban á considerarse agraviados.

Se vé, pues, cuánta razon tenian los liberales aragoneses para apellidar liberal al pobre Rey, que se rebajaba hasta el punto de firmar tan disparatada y anárquica constitucion, la cual ponia la corona á merced de cualquier ambicioso. No era hombre D. Pedro el del Puñalet de aguantar fácilmente aquellos desmanes, por lo cual se preparó á deshacerse de los revoltosos infantes y de la anárquica constitucion en que se apoyaban. Pero le costó no poco trabajo, astucia, paciencia, valor y riesgos el conseguirlo.

Es cosa muy de notar que aquella constítucion anárquica era muy querida y decantada por la aristocracia; pero la odiaba la verdadera democracia, representada por las comunidades do Calatayud, Daroca y Teruel, y además Huesca, que en esta ocasion estuvieron al lado del Rey y de los leales, contra los infantes, los señores turbulentos y la plebe de Zaragoza, ansiosa siempre de alborotos, con los que medraba sin trabajar.

«Ante todo, dice el mismo Rey, mandaron fabricar un sello parecido al nuestro, nombraron a ciertas personas con el título de conservadores de la Union , las cuales escribían por el país mandando, requiriendo y ejecutando muchos actos de jurisdicción y superioridad que se atribuían . A pesar de todo esto, nos escribían tambien á Nós suplicándonos y requiriéndonos que fuésemos á convocar Cortes en Zaragoza, y nos hacían saber cómo habían establecido dicha Union, dándonos á entender que su, objeto al establecerla era para mayor honra suya y de nuestra corona.» ¡Lo de siempre!

Valencia se adhirió a la Unión, y suerte tuvo el rey de que no se adhiriese Barcelona, aunque no quedó por ruegos y gestiones de los Unidos que Cataluña no se levantase. Afortunadamente para el rey, los catalanes le permanecieron fieles, le ayudaron a derrotar al rey de Mallorca, que desde Francia atacaba su territorio, y terminado esto, vino a pacificar á los aragoneses, poniéndose en manos de los de La Unión, lo cual le costó muy caro, pues le pusieron poco Menos que preso, sin dejarle hablar sino con los sujetos que designaban los sublevados, y eso en público y con testigos.

Abriéronse las Córtes en la iglesia de la Seo, y los de la Union fueron tan tolerantes, que no dejaron á los diputados de las Comunidades sentarse ni áun en el suelo, pues en las Cortes de Aragón sin duda escaseaban los bancos, y los diputados de las ciudades y villas no tenían reparo de sentarse en el pavimento a estilo moruno. No conduce á nuestro propósito narrar todas las, peripecias dé aquellas rebeldes y tumultuosas Cortes, que se trasladaron luego al convento é iglesia de Predicadores, monumento histórico por muchos concepto necrópolis de personajes célebres, que la revolucion acaba de demoler (1). Los desatinos de los de la Union principiaron á cansar á los hombres de orden, y éstos, saliendo de su apatía, principiaron á adherirse al Rey, el cual en pleno Parlamento, llamó traidor al infante su hermano. Los de la Unión comprendieron que el Rey debia contar álgunos coligados, cuando se atrevia á tanto. A la verdad, al llamarle traidor no le decia ninguna mentira.

El Rey logró á duras penas salir de Zaragóza después de ofrecer a los de la Union todo cuanto le pidieron, con ánimo de no cumplirles nada. Pero; por desgracia suya, salió de poder de la Union de Aragón para caer en manos de la Union dé Valencia, que le trató peor: Con un pequeño, ejército, que logró levantar en Cataluña, llegó a Murviedro desde donde procuró hacer entrar en razon a los de Valencia; pero habiéndosele acabado el dinero,se quedó sin gente,y los de Murviedro le pusieron preso y le entregaron á los valencianos. El infante D.Fernando vino allí con cuatrocientos caballos castellanos, y el Rey hubo de sufrir no pocos oprobios.

Al irse á acostar una noche, llegaron cuatrocientos valencianos, acaudillados por un barbero, con grán ruido y algazara, y obligaron al Rey y a la Reina a bailar cantando el barbero Gonzalbó: Mal haya el que se marchare. ¡Ahora; ahora!

El Rey devoró en silencio aquel insulto, que en su dia castigó atrozmente. Pedíanle los valencianos el establecimiento de un justicia mayor, como en Aragon. Tratando un día acerca de un arreglo, uno de los Unidos llevó su insolencia hasta el punto de decirle: «Nosotros lo arreglaremos ahora, y de paso os arreglaremos a vos.”Cuando a un Rey se le dice eso,falta ya poco para hacerle subir al patíbulo. Por desgracia, la familia real daba un ejemplo funesto, y digno de ser estudiado ahora.

(1) Pasaban de veinte los sepulcros de personas reales, Justicias de Aragón, Cardenales, Obispos y personas notables allí enterradas , fue demolido en parte en 1837 y del todo en 1868.

La madrastra del Rey, mujer ambiciosa é infame, que durante el reinado anterior habia robado al país y abusado de la debilidad de su marido (1), habia venido á Valencia y azuzaba á sus hijos á ser los Caínes del legítimo Monarca.

Los de la Union de Valencia constituyeron una especie de sociedad secreta, cuyo tenebroso tribunal asesinó á muchos ciudadanos honrados, y llenó de terror aquella hermosa ciudad. «Habian creado un oficial de justicia, dice el mismo Rey cronista, el cual, por mandato de los llamados conservadores, daba muerte á algunos particulares de la ciudad y lo hacía de manera, que, á las primeras horas de la noche, iba á la casa del que habia de morir, y llamando á la puerta, le mandaba que al punto fuese á la sala donde estaban los conservadores. Aturdido el vecino, salia de su casa y seguia al malvado alguacil, quien, en vez de conducirlo á la sala, donde decía que estaban los otros conservadores, lo llevaba al rio, y allí lo ahogaban. Había además en dicha sala una percha con quince o veinte sacos, y por la mañana, cuando acudia allí la gente, viendo que faltaban tres o cuatro sacos, solian decir: «¡Hola! Ejecuciones ha habido aquí esta noche!» (Ordens sic han fetes esta nit.)

Entre los Unidos descollaban Juan Sala, abogado, capitan de la Union, y un drapero o comerciante en paños, llamado Bernardo Redó, gran ejecutor de tales habilidades y fechorías. Gracias á la epidemia que despoblaba á España, y de la que morían diariamente trescientos hombres en Valencia, logró el Rey que le dejáran salir de allí.

Poco despues, los de la Union fueron derrotados por don Lope de Luna, en los campos de Epila, quedando muertos más de mil alborotadores, y preso uno de los ambiciosos infantes. El Rey entró en Zaragoza llevando consigo la gente de las Comunidades, que eran realistas, á pesar de ser sus fueros democráticos y antifeudales. Aquellos no gritaban ¡viva la libertad! porque la practicaban sin chillarla.

Mandó el Rey romper el sello de la Union y quemar los privilegios y procesos formados por ella, lo cual se hizo en la iglesia de Predicadores. Entonces fué cuando al rasgar con su daga el privilegio de la Union, se hirió en la mano, diciendo con gran coraje, al ver correr su sangre: «Privilegio que concede á los súbditos alzarse contra su Rey, con sangre de Rey se ha de quitar.» El Rey hizo prender á trece de los principales revoltosos, los cuales fueron ahorcados.

(1) El secretario Concut habló á D. Alonso con firmeza, á vista de las desmedidas concesiones que hacia a la Reina, en perjuicio del tesoro y la corona. El Rey le dijo: «Huye, secretario, que te perseguirá la Reina.—Señor, replicó el secretario; yo siempre os traté, verdad, y no tengo por qué huir.»

Aquel mismo dia le hizo poner preso aquella mujer malvada: juzgósele por traidor, y le hizo ahorcar.

previa formacion de causa. Otros huyeron y se les embargaron sus bienes, despues de lo cual se concedió una amnistía o perdon general.

Los de Valencia entre tanto seguian obstinados, haciendo salidas en que robaban á los pueblos. En Murviedro robaron la judería (1). salieron á pelear con la hueste del Rey; pero fueron derrotados aún con más pérdida que los de Zaragoza. Estos salieron mejor librados que los de Valencia, pues el Rey estaba tan rabioso por los malos ratos que le habian dado, que trataba de arrasar la ciudad. Hizo degollar á cuatro nobles y ahorcar á otros vários, entre ellos á cuatro abogados, que se habian comprometido demasiado en política, quizá por falta de pleitos. Tambien hizo ahorcar al barbero Gonzalbo repitiéndole la copla que cantaba cuando bailó Con la Reina:

Mal haya el que se marchare

¡Ahora, ahora!

y añadiéndole el Rey:

¡Y quien no os arrastrare!

Después, después!

Da grima ver á un Rey que narra con cierta fruición esa venganza; pero es aún más horrible lo que añade, como cosa muy sencilla, que hizo beber á vários de los de la Union el metal de la campana que tañian para convocar a sus conservadores y diputados «porqué,fo justa cosa que aquells que l’havien feta fer bequesen de la liquor de aquella comfou fusa.”

El rey D. Pedro, al lado de algunas cualidades brillantes, tenía otras que afeaban demasiado su carácter, y que eran bajezas indignas de un particular, cuanto más de un Monarca;peró es lo cierto que la energía que desplegó para déshacer la Union salvó á su país y á su corona, comprometidos por dos monarcas débiles, D. Alonso el Liberal y D. Alonso el Benigno: Concluyó la Union el año 1349.

Cuándo algun tiempo despues; en aquellas mismas tierras de Valencia, D. Pedro el Cruel,no se atrevió á combatir al ejército inferior dé su rival D. Pedro el Ceremónioso, pudo el de Castilla decir á sus capitanes estas doloridas palabras: «Porque el rey de Aragón puede con un pan hartar á todos sus traidores, y yo con un pan hartaré á todo mis leales.»

(1) Nuestra juderia la llama el Rey. ¡Lo de siempre! Los de Murviedro habian puesto preso, al Rey, y los Unidos de Valencia vineron a robar á los ricos de alli.

IX

Los judíos su el siglo XV como sociedad Secreta: asesinatos y otros delitos cometidos per ellos en varios puntos de España.

Mucho se ha declamado, y no siempre con exactitud ni buen criterio, acerca de las matanzas de judíos ocurridas en varios puntos de España, durante los siglos XIV y XV, culpando de ello al fanatismo religioso, y dando por causa las excitaciones de algunos clérigos y frailes; pero los dectratores del clero y de España no han tenido en cuenta que esto sucedía tambien entre los musulmanes, los cuales no pocas veces hicieron matanzas de judíos. Estas tuvieron tambien lugar en varios países fuera de la Península, y ántes de ser expulsarlos de España los judíos, lo habian sido tambien de Inglaterra, Francia v otras naciones, y de alguna de ellas dos y tres veces. Ni las excitaciones de los fraticellos, ni las predicaciones del Arcediano de Ecija podian alcanzar á tanto, ni explican hechos anteriores y de animadversion general.

Veamos algunos, de los sionistas.

Los de Segovia compran una Hostia consagrada para profanarla, y un portento les aterra. El hecho es indudable: conservase todavía la sinagoga convertida en templo; y una fiesta anual antiquísima, y la más solemne en aquel pueblo, recuerda aquel suceso innegable en buena crítica.

El P. Espina,en su obra titulada Fortalitium fidei, refiere otros sucesos de este género, acaecidos en diferentes puntos:de Europa, y la Catedral de Santa Gúdula, en Bruselas, conserva todavía la Hostia de que brotó sangre al picarla los judíos con sus dagas. Las vidrieras de aquella iglesia narran el hecho á los ojos de los espectadores.

Pudieran citarse todavía, otras varias profanaciones y actos de fanatisino cometidos por los judíos con furor sectario, desde mediados del siglo XIV hasta fines del siglo XV, en vários puntos de España, y especialmente los asesinatos de niños, y aun de adultos, en sus reuniones secretas y misteriosas.Un orador moderno, de fácil palabra, pero de criterio escaso, respondía sobre esto en el Congreso, al discutirse la libertad de cultos, que todas las religiones tienen un niño muerto: Pero ni es cierto que todas las religiones tengan semejante tradicion, ni la sana crítica permite negar las verdaderas porque se aleguen otras falsas, ni se trata aquí de uno sólo, sino de muchos.

En tiempo de D. Jaime el Conquistador, la sinagoga de Zaragoza, dejando su carácter religioso, y convirtiendo éste en fanatismo asesino, se apodera de un niño de coro, acólito en la catedral de la Seo, hijo del notario Sancho Valero, y le crucifica en la pared de la aljama, clavándole con tres clavos y atravesándole can una pica. El judío que le cogió se llamaba Mossé Albayucet. Descubierto prodigiosamente el cadáver del niño Dominguito, que se conserva desde entónces en la catedral de la Seo, el rabino Albayucet (1) confiesa su crimen, y se convierte tambien casi toda la aljama, que más bien que sinagoga era una sociedad secreta y malvada, á juzgar por este hecho, que quizá no sería el único. Este suceso tuvo lugar, en 1250. ‘ Los judíos fueron expulsados de Francia á principios del siglo siguiente, y pocos años despues de la extincion de los templarios, de quienes algunos les suponen cómplices.

Pero en el siglo xv, la secta judaica tenía un carácter particular de fanatismo, de furor asesino y de sociedad secreta, no solamente en España, sino en otros puntos de Europa, agriado su carácter por las persecuciones en unas partes, envalentonada por el favor de la aristocracia en otras, y por ciertas relaciones misteriosas que la unen en Europa y en las regiones de Levante, no solamente para los intereses, sino tambien por miras políticas.

De los asesinatos cometidos por los judíos en España y fuera de ella, habla largamente el Mtro.Fr. Alonso de la Espina, en su Fortalitium fidei, obra muy curiosa y notable, de la cual los judaizantes y sus asalariados, hablan y hacen hablar siempre con desprecio. Podrá la sana crítica hallar justos reparos contra algunos de los hechos que Fr. Alonso aduce como sucedidos en el extranjero; pero acerca de los de España y ocurridos en Castilla y en su tiempo, no parece que se pueda poner una duda racional y fundada. Los más notables son los siguientes:

En un pueblo del señorío de D. Luis de Almansa, el año 1454 dos judíos mataron á un niño, y lo enterraron despues de extraerle el corazon para hacer con él un maleficio, pues habiéndolo quemado lo pulverizaron y bebieron con vino en una reunion secreta, a que concurrieron varios de ellos.

Desenterrado el cadaver por los perros, y preso uno de los asesinos, confesó el delito, y fué condenado á muerte; pero sus cómplices acudieron á la corte, dónde tenían grandes valedores, y lograron que el asunto pasase á la Chancillería, donde gozaban también de gran favor. El obispo de Lugo D. García Baamonde vio el expediente y la prueba plena del asesinato; pero los judíos y conversos se compusieron de tal manera, que lograron que de los tres oidores, dos fuesen de raza de judíos, y éstos, de acuerdo con los abogados, fueron alargando el negocio con sutilezas y prórrogas, hasta hacerlo interminable, dando así lugar á que el hecho se olvidara y el delito quedase impune.

Dos tentativas de asesinatos de niños hubo en Toro el año 1457, cometidas por judíos de aquella ciudad, con grande escándalo de todo el pueblo. En vano se dió cuenta al Consejo, pues se hallaba éste en poder de judíos y conversos, y el descreido monarca D. Enrique IV, el Impotente, no era mejor que ellos en materia de religion y moral.

La historia nos ha conservado también noticias exactas de otro horroroso asesinato ejecutado por los judíos en Sepúlveda, el año 1468. Un rabino de aquella sinagoga, llamado Salomon Pichó, se apoderó de un niño en un paraje retirado, y lo asesinó cruelmente, siendo cómplices suyos otros muchos judíos del mismo pueblo, que no libraron tan bien como los de Toro y otros puntos, pues diez y seis fueron ahorcados por aquel motivo. Coincidió esto con la profanacion de la Hostia consagrada en la sinagoga de Segovia, y la opinion pública, concitada ya en contra de aquella raza por la impunidad de sus crímenes, por su favoritismo en la córte, por su dureza en la exaccion de tributos y por su fanatismo superstícióso, estalló de un modo terrible. Por todas partes se hablaba de niños que habian desaparecido misteriosamente, y á quienes se suponía asesinados por los judíos. Los vecinos de Sepúlveda no se dieron por satisfechos con la ejecución de los diez y seis que hizo ajusticiar el obispo don Juan Arias, sino que atacaron sus casas y dieron muerte á otros muchos. En vários pueblos de Castilla hubo tambien, de resultas de aquellos sucesos, matanzas de judíos. El Catolicismo las reprueba altamente, pero tambien acrimina esos horribles infanticidios, y la perfidia de los magistrados que, por dinero ó proselitismo, los dejaban impunes.

Y no era solamente en España donde esto sucedia. El mismo P. Espina refiere que conoció á un converso italiano que vino á Castilla huyendo de sus padres y correligionarios, el cual le narró el siguiente asesinato, hecho en Saona hacia el año 1452, del que fue testigo presencial. Reunidos siete ú ocho judios de aquel pueblo, y entre ellos el padre de este jóven, se juramentaron mútuamente para no descubrir en ningún tiempo, ni por motivo alguno, lo que iban a ejecutar. Trajeron en seguida un niño de dos años, de que se habían apoderado, y puesto sobre una vasija con los brazos extendidos en forma de cruz y sujetos por los cómplices, uno de ellos le metió por varios parajes del cuerpo un largo punzon de hierro, que hacía penetrar hasta las entrañas de aquel angelito. Lleno el joven de asco y horror, repugnando comer las frutas que aquellos hombres, tan feroces como groseros, empapaban en la sangre humeante, trataba de marcharse; pero su padre mismo le obligó á tomar de aquellos nauseabundos manjares, que le removieron el estómago en términos, que no pudo probar nada en dos días. Afrentado por los suyos como cobarde, hecho objeto de desconfianza, y temiendo quizá verse forzado á presenciar Otras escenas atroces por aquel estilo, huyó de Saona y vino a parar á España. Este y otros hechos análogos, verificados en vários puntos de Europa, acreditan el fanatismo asesino y supersticioso de que fila sazón estaban poseidos en todas partes los judíos, y el juramento casi masonico que presta ban al ir á cometer esos `espantosos crímenes .

Por enorme y feroz que sea el infanticidio cometido en Saona á mediados del siglo XV y que refirió al P: Espina el fugitivo converso, no es más horrible y salvaje qué el célebre asesinato del niño de la Guardia, ocurrido á fines ‘de aquel siglo (31 de Marzo de 1491), comprobado de un modo auténtico é irrecusable (2):

A la puerta llamada del Perdon, por dónde se entra al claustro de la catedral de Toledo, pedia limosna una pobre ciega, cerca de la cual jugeteaba un niño pequeño; hijo suyo y de Alonso Pasamontes, marido de aquélla desgraciada. Con fingidos halagos le atrajo para sí un conconverso de la Guardia, llamado Juan Franco, lo llevó engañado hasta su posada, y sustituyendo las amenazas á las caricias lo metió en un carro y lo llevó a su pueblo. Puestos de acuerdo vários judíos de aquel punto, de Quintanar y Tembleque, lo condujeron una noche a cierta caverna por ellos frecuentada, en donde hicieron con él un simulacro de la Pasion de Jesus, azotándole y crucificándole én un madero. Era el principal de ellos y desempeñó el papel de Pilatos, un converso de Tembleque,llamado Hernando de Rivera, contador del Priorato de la Orden de San Juan.Sé ve que las rentas de la Orden andaban en buenas manos.

(2) Historia del martirio del Santo Niñode la Guardia, por el Dr. D. Martin Martinez Moreno: un tomo en 8º, segunda edición.

Concluyeron de asesinar al niño, abriéndole el costado con un cuchillo para sacarle el corazon, que uno de aquellos malvados, llamado Masuras, llevaba á la sinagoga de Zamora para hacer con él un hechizo, cuando la Inquisicíon de Avila le puso preso y recogió, el corazon y una Forma consagrada que tambien llevaba con igual objeto, y que es adorada todavía en Avila, como testimonio tradicional de aquel acontecimiento, acreditado además por un proceso que se formó en averiguacion del delito, y á vista del cual se escribió la historia del martirio que padeció el inocente niño.

Nótase, pues, que los judíos habian perdido su carácter religioso para convertirse en una seda fanática, incrédula, misteriosa y asesina, que apenas tenía creencias religiosas, burlándose de su fé y de la cristiana, animados de rencor profundo, contra los católicos, ideando los medios de vengarse de éstos y hacerles sufrir, volviendo agravio por agravio, y encubriendo sus arteros amaños con profunda hipocresía. Y esto no era solamente en Castilla, sino tambien en Navarra, pues en las Cortes de Tafalla en 1482 aparecen graves recriminaciones contra los judíos y la insolencia que en aquel país iban desplegando.

Tres años despues, hacen asesinar en Zaragoza al inquisidor San Pedro Arbués. Allí se habian apoderado hasta del tribunal del Justicia, y de los principales cargos, pues gran parte de los abogados de aquella ciudad eran judíos en su vida privada, y cristianos sólo en apariencia. Los asesinos pagados por los judíos y abogados de la capital de Aragon, fueron Juan de Esperandeo, cuyo padre estaba preso en la Inquisicion por judaizante; Beltran Darançó, francés; Antonio Grau, valenciano; Bernardo Leofante. de Tolosa,,y Tristan de Leonis, francés. Aun del mismo Esperandeo se duda que fuese originario de Aragon, El gascon Durançó fué él primero que acometió á la víctima, dándole por detrás una estocada en la cerviz, y echó á correr; pero el judío Espe- randeo, atravesó al inquisidor de dos estocadas.

En el asesinato aparecieron complicados algunos abogados y gente de justicia, tales como Juan de la Abadía y el mismo Juan Esperando, que murieron impenitentes; Mosen Luis Santangel, tesorero; Juan Tomás y su hijo Luis, Micer Alonso Sanchez, abogado, y aun el mismo Vicecanciller de Aragon, Mosen Alonso de La-Caballería, todos ellos de sospechosa raza.

Trata con esto el jansenista Llorente de probar, con su habitual mala fé, que la Inquisicion era mal vista por los aragoneses; pero es lo cierto que, al saberse en Zaragoza el martirio del Maestr’-Epila, el pueblo, el verdadero pueblo y los verdaderos aragoneses, iban á matar á todos los judíos y conversos, y tuvo que salir, á caballo y á toda prisa el arzobispo D. Alonso de Aragón, hijo de D. Fernando el Católico. para apaciguar el tumulto y contener al pueblo, al verdadero pueblo, que odiaba á los judíos y sus descendientes, á pesar de los entronques aristocráticos de los La-Caballerías, y los muchos dineros de los Santangeles.

Resulta, pues, que los judios eran aborrecidos, no solamente en Castilla y Andalucía durante el siglo xv, sino también en Aragon, Navarra, Portugal, y aun entre los musulmanes de Granada. ¿Qué habia en ellos que los hiciese tan altamente odiosos en todas partes, cual no lo fueran en los siglos anteriores? ¿Tendrán derecho los idólatras de la soberanía nacional á clamar contra los Reyes Católicos por haberlos desterrado de España?

En 1460 los grandes de Castilla habian exigido á D. Enrique, el Impotente, que expulsase á los judíos, no sólo de su Consejo, sino de sus Estados. Vémoslos apoderados de los tribunales y de los cargos públicos en Aragon y Castilla, dueños, por tanto, de la administracion de justicia y de la administrador’ económica, encubriendo los crímenes de sus correligionarios y aumentando sus fortunas á, expensas del pueblo y del tesoro. Si aquello no era una francmasonería, por lo menos la preludiaba primorosamente.

Todavía siguieron enseñoreados de la Chancillería y del Consejo despues de subir, al trono los Reyes Católicos. D. Fernando, siempre escaso de dimero, se mostraba complaciente con quien lo proporcionaba.Menos sufrida y más católica, doña Isabel no transigía nunca en materias de decoro y de justicia. No solamente echó á vários oidores de la Chancillería de Valladolid, sino que también expurgó el Consejo. El Diario ó Cronicon, poco limpio, pero muy curioso, de don Pedro de Torres, Rector del Colegio viejo de Salamanca, dice:—«1498. In ménse februario echó la Reina del Consejo á cuatro o cinco letrados, ínter quos doctor Talavera, doctor de Huesca, Alonso del Mármol de Madrid, y á Chacon, Contador mayor »

Créese que fueron echados por conversos y fautores de los judíos sus parientes. Sabido es que los Talaveras se vieron perseguidos pocos años despues como judaizantes, alcanzando la persecucion al mismo venerable D. Fr. Hernando de Talavera dignísimo Arzobispo de Granada, sin que sus eminentes virtudes le preservaran a él y á sus hermanas de las iras y venganzas de Lucero, oprobio de la Inquisieron de Córdoba y del cristianismo.

La cita del Rector Colegio de San Bartolome de Salamanca recuerda otro suceso notable contemporáneo. Tambien se hallaba invadido por hijos y descendientes de judíos ese célebre Colegio, que el arzobispo Anaya Maldonado fundára en aquella Universidad, dándole por divisa: In augmentum fidei. Deslucian el Colegio los de la raza judáica, por su conducta poco decorosa y ménos morigerada. Burlábanse de las prácticas del Colegio y eludían el cumplimiento de las constituciones; insultaban á los otros colegiales, hijos de cristianos viejos, y se apandillaban contra ellos á fin de poblar el Colegio de gente de su raza. Noticiosa de estas intrigas la reina doña Isabel, mandó expulsarlos del Colegio. Negáronse á obedecer, y trataron de eludir el mandato con protestas y reclamaciones; noticiosa de lo cual la Reina, mandó que si al punto no salían por la puerta, los echasen por las ventanas.

Una carta que se dice escrita por los rabinos de Constantinopla sugería á los judíos los medios de vengarse de sus opresores en España. «Si los cristianos os obligan á bautizaros, bautizad los cuerpos y guardad las almas: si os profanan las sinagogas, haced clérigos á vuestros hijos para que profanen sus iglesias: si os matan los hijos, haceos médicos, y matareis los suyos: si os quitan los bienes, haceos tratantes y os cargareis con su hacienda.»

Excusado parecia decir á los judíos que se hicieran tratantes. De la autenticidad de esta carta hay más de un motivo para dudar, pues se dice que fue descubierta á fines del siglo XVI, cuando una recrudescencia de ódio tardío contra los conversos vino á introducir exageraciones de orgullo y difamacion, ajenos al espíritu de humildad y caridad del Catolicismo. Pero de todos modos, creo esta carta hija de la aversion general con que nuestros mayores miraban á los judíos, motivada por el espíritu procaz y vengativo de que llegaron á estar animados en el siglo xv, merced al favor de los Reyes, los señores y los curiales, ocultando su indiferentismo religioso bajo el manto del judaismo, cual hoy se fingen protestantes los que, desertando del Catolicismo, concluyen por no tener religion alguna.

El edicto de expulsion de los judíos por los Reyes Católicos fue un verdadero ¡cúmplase la voluntad nacional!

X

Las Comunidades de Castilla y las Germanías de Valencia y Mallorca.

No entra en nuestro propósito el narrar aquellas guerras civiles, pues ní fueron promovidas por sociedades secretas, ni tienen con ellas un enlace necesario é íntimo. Con todo, nuestros revolucionarios modernos han querido presentar como héroes á los corifeos de aquellas conmociones populares, de los cuales unos eran ilusos, otros tontos, y la mayor parte pícaros y jefes de canalla. Alguna de las sociedades secretas modernas quiso inspirarse en los recuerdos de los comuneros de Castilla, como veremos más adelante; por eso es preciso decir aquí algo acerca de ellos y de sus afines los agermanados de Valencia y de Mallorca.

Cúlpase de aquellos levantamientos á la codicia de los flamencos, consejeros del emperador Cárlos V; pero ya esto no puede sostenerse en buenos principios de crítica. Si criminales eran los flamencos en vender, más lo eran los españoles en comprar y mendigar.

Así que murió D. Fernando el Católico, los españoles principiaron á ir á Bruselas y se vendian ellos á los áulicos del Monarca, que debieron formar una opinion muy baja del valor de los advenedizos. Descollaban entre éstos los cristianos nuevos é hijos de conversos de Aragon y Cataluña, que desacreditaban sistemáticamente todo lo del reinado anterior, y ofrecian montes de oro á los flamencos si suprimian el Santo Oficio; o por lo ménos mandaban que las actuaciones y denuncias fuesen públicas. Cisneros, única figura que, al par de la del Gran Capitan, aparece entónces con cierta nobleza, hubo de sostener una lucha sorda, pero acerba y contínua, contra las exigencias de la aristocracia en España y la venalidad cortesana en el extranjero. Para contener las primeras había ideado armar al pueblo, y, en efecto, dejó á su muerte armados 34.000 labradores y menestrales castellanos. Con ellos imponía tambien á los aragoneses descontentos y á los navarros recien domeñados é incorporados á Castilla (I), Esta gente, que Cisneros habia armado contra la aristocracia castellana , tuvieron medio algunos señores de sublevarla contra el Monarca , aprovechando los desmanes y el descrédito en que habían caído los servidores del Rey por su venalidad é impericia, aparentando deseos de justicia, pero encubriendo todos los comuneros miras sórdidas é interesadas (2).

(1) Véase sobre esto el tomo I de Cartas del Cardenal Cisneros, publicado de órden del gobierno, p D. Pascual Gayangos , y el autor de esta obra.

El tomo II de Cartas del mismo, pero firmadas, no por él, sino por sus secretarios, no se ha publicado todavía, por efecto de las circunstancias. Estas segundas cartas revelan grandes miserias respecto á estas luchas con los cortesanos de Bruselas.

(2) Descríbelas el P. Guevara en una de las cartas sumamente cáusticas y picantes, que dirigió al obispo Acuña y los comuneros.

Dábase el nombre de Comunidades, lo mismo en Aragón que en Castilla, á la agrupacion de varios pueblos , bajo la direccion de una ciudad ó villa principal, que era capital del territorio, y comunmente dueña de él. Esta organizacion geográfica y política databa del siglo XII. Al conquistar los Reyes esas ciudades principales, daban á los pobladores, no solamente la ciudad, sino un vasto territorio adyacente, de seis a diez leguas o más de circunferencia, que el Concejo de aquella iba. poblando según su fuero; por donde las aldeas que poco á poco se formaban alrededor, eran como unos arrabales dependientes del pueblo, que tenía el señorío de aquel territorio. De aquí la mancomunidad de pastos para los ganados y otros intereses recíprocos entre la capital y las aldeas. Para el arreglo de éstos se reunían periódicamente los representantes de los sexmos o partidos, como se réunen ahora los diputados provinciales. Ademas, una ó dos veces al año concurrían los aldeanos armados para hacer alarde, y que se recontára la gente de armas tomar. Los que se presentaban con caballos y armas buenas dejaban de pechar; pero en las algaradas y casos de guerra tenían que salir en hueste, siguiendo el pendon del Concejo. Eran, pues, las Comunidades unos señoríos concejiles ó especie de feudalismo municipal, pues los vecinos de la ciudad y de las aldeas tenían que marchar á la guerra en pós del pendon de su Concejo, como los vasallos feudales en pós del Conde que alzaba pendon y caldera, segun entonces se decía; el pendon como señal de guía y de mando, en representación del derecho, la caldera como señal del deber de mantener á sus expensas á los que acaudillaba. De aquí el que las poblaciones feudales no pudieran ser Comunidades, pues allí el Concejo no era libre, como sucedía en Valladolid, donde el señorío era de D. Pedro Ansurez, y en Palencia, que era del Obispo. Mas por regla general, las Comunidades y sus aldeas se consideraban de realengo, Eso no impedia que en las capitales se estableciesen algunos señores, y á veces en considerable número, y que algunas aldeas del territorio fuesen de señorío particular, o de la Iglesia.En esos casos sus pastos eran cerrados y sus ganados, por lo común, no disfrutaban de la mancomunidad que teman los demás.

Las Comunidades eran ya tan prepotentes en el siglo XIII, que inspiraban celos á la aristocracia castellana, y San Fernando, cediendo a malos consejos, las privó de va- rios derechos, y sobre ‘todo de pasar revista á la gente de armas de las aldeas, que era lo que más desagradaba a los señores feudales, pues veían en esto una amenaza contínua contra sus desmedidas ambiciones. Pero él mismo reconoció su yerro y lo confesó ingénuamente con humildad cristiana, mandando, dos años antes de su muerte (1250), devolver sus derechos á las Comunidades. Los privilegios que todavía se conservan en los archivos municipales de Segovia y Cuenca, dicen así (1):

(1) Copié este documento de su original en el archivo de Segovia, y tengo copia del que existe en el de Cuenca. Lo publicó Colmenares en su Historia de Segovia, pág. 204, annque con poca exactitud.

«Conoscida cosa sea á cuantos esta carta vieren como yo D. Fernando por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo… envié mis cartas á Vos et á los omes buenos de Segovia (1) que enviassedes vuestros omes buenos de vuestro concejo á mi por cosas que avia de veer et de fablar con vusco por buen paramiento de esa villa (2).

E t yo bien conozco et es verdad, que quando yo era mas niño que aparté las aldeas de las villas en algunos lugares, et la sazon que yo esto fiz era me mas niño et no paré hy tanto mientes. Et porque tenia que era cosa que debia á enmendar ove mio conseio con D. Alfonso mio fijo, et con don Alfonso mio hermano et con D. Diego Lopez et con D. Nuño Gonzalez et con D. Rodrigo Alfonso et con el obispo de Palencia et con el obispo de Segovia, et con el Maestro de Calatrava, et con el Maestro de Hucles (3), et con el Maestro del Templo, et con el Gran Comendador del Hospital et con otros ricos omes et con cavalleros et omes buenos de Castiella et de Leon, et tove por derecho et por razon de tornar las aldeas á las villas, assi como era en dias de mio abuelo el rey D. Alfonso et á su muerte.»

«Otro si mando que los menestrales non echen suerte en el juzgado por seer jueces, ca el juez deve tener la seeña, et tengo que si afruenta viniese al logar de periglo é orne vil o rahez la toviese que podrie caher el logar en gran onra et en grand verguenza (4) et por ende tengo por bien que qui la oviere á tener que sea cavallero et orne bueno et de verguenza .»

«Et otrosi se que en vuestro concejo se fazen unas confradias et unos ayuntamientos, malos á mengua de mio poder et de mio señorio et á daño de vuestro conceio et del pueblo, et se fazen muchas encubiertas et malos paramientos, et mando so pena de los cuerpos et de cuanto avedes que estas confradias que las desfagades et que daqui adelante non fagades otras fuera en tal manera para soterrar muertos, et para luminarias et para dar á pobres et para confuerzos (5)

(1) En el de Cuenca dice Cuenca en vez de Segovia.

(2) En el de Cuenca dice «Extremadura.»

(3) El Maestre de Santiago véase la prelación de las Ordenes militares de España sobre las generales.

(4) Como el juez había de llevar el pendon o seña del Concejo, y éste se organizaba á la suerte o por insaculación; podía suceder que llevase el pendón un zapatero ó no sastre, excelente en su oficio, pero poco valiente para militar.

Así debió suceder con el de Madrid en la batalla de las Navas, pues consta que huia la seña de esta villa con su oso y su madroño, por lo que dijo el conde de Cabra: ¡Cierto,los villanos fuyen!, Por eso despues los corregidores se titulaban Capitanes a guerra.

(5) No prohibía el Rey Santo las cofradías religiosas para caridad y culto (luminarias) sino las políticas y secretas que hacían muchas malas encubiertas, cómo allí dice.

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